domingo, 29 de abril de 2012

Heart of courage.

El sudor empapa su frente. La sangre se desliza por su cuello recordándole que las heridas que le perforan el pecho no desaparecerán nunca de su alma. Las fuerzas le flaquean cada vez que una explosión hace volar por los aires a los supervivientes que están escondidos en el barro. Los cadáveres van cayendo a ambos lados de su cuerpo mientras las bombas siguen destruyendo vidas con cada disparo del cañón enemigo. La línea de la vida se desvanece en el aire, frente a sus ojos. Los gritos y los lamentos se abren paso entre los ríos ensangrentados que sepultan millones de corazones ahogados en el frío. El viento arrastra el dolor de los vivos en lo alto del cielo ennegrecido por el humo. Sus armas no pueden luchar contra el mayor enemigo de todos: el miedo. Pero un soldado jamás abandona su puesto por temor a la muerte. Es la única promesa de los valientes.

domingo, 22 de abril de 2012

La lluvia nos mojaba a los dos por igual, enfrentando nuestra furia debajo de aquel cielo negro como el infierno. Las gotas resbalaban por su rostro con exquisita velocidad dejando que la tenue luz de la noche se encargara de enfocar la conciencia limpia que asomaba a sus ojos. Esta vez no era furia. Ni siquiera odio. La presión que me cerraba la garganta palpitaba en mi cerebro formando una única herida que me provocaba un intenso dolor en mitad de la espina dorsal. Una hoguera invisible ardía entre los pocos metros que nos separaban. El estrépito del agua chocando bajo nuestros pies retumbaba en mis oídos separándome del mundo, acercándome al vacío que luchaba entre mis huesos calados de pena. Alcé la vista para encontrarme con su impasible figura detrás del agua que empapaba su cuerpo. Le di las buenas noches al universo, y me disolví entre la lluvia.

domingo, 15 de abril de 2012

Sick of today, I'm sick of tomorrow.

Es como una caída libre a 5.000 metros de altura. Es un dolor vacío, frío y seco. Los huesos se despedazan en el primer impacto. La presión es excesiva, los pulmones no tienen la posibilidad de renovar el aire oxidado que los envenena. El cuerpo es víctima de convulsiones y sofocos en su cerebro. No existe el tiempo, solo el ruido sordo de la colisión. Y tras el final del descenso el viento saborea la nada.

jueves, 12 de abril de 2012

Si conocerte es odiarte, entonces amarte debe ser como el suicidio.

Me obligué a contar hasta diez antes de que la rabia se hiciera con el control de mi cuerpo. La misma vieja historia recorría mi cabeza haciéndome responsable del odio hacia mí misma y hacia todo lo que alguna vez había conseguido robarme el poco orgullo que habitaba en mí. Ya no quedaba tiempo para las oportunidades que tantas veces me habían jurado en mi imaginación cambiar todas las equivocaciones que me perseguían. Mis manos no respondían al frío que congelaba mis venas. Las ojeras que decoraban mis ojos se me antojaban irreversibles e inútiles ahora que la verdad hablaba por sí misma, dejando atrás la velocidad de las primeras decisiones. Es cierto que toda aquella furia escondía un puñado de lágrimas que se desahogarían en silencio, a solas, pero incluso la tristeza tenía un motivo mayor que la desesperación para arrebatarme la energía que tiraba de mí hacia el subsuelo. Las contradicciones no dejaban de sucederse en el eco de mi mente, golpeando mi paciencia y aumentando la ansiedad que se cernía sobre mis dudas. Todas mis preocupaciones se confundían sin llegar a conclusiones claras retando a mi cansancio a pensar en nuevas soluciones que consiguieran sacarme de allí antes de acabar enferma, infectada de realidad incoherente y absurda que sólo me hundiría en la paranoia.

martes, 10 de abril de 2012

Esta noche podemos morir en paz.

Nanas que silban en mitad de las pesadillas que asilan la oscura neblina de las calles. Latidos que nacen en corazones dormidos por la derrota de la espera. Palabras que se deslizan entre sueños hacia el silencio de la verdad. Mentiras que se cuelan debajo de las almohadas  para olvidar la presión del dolor. Relojes que congelan los segundos en eternidades de espanto y desesperación. Días que se suceden como partidas sin victoria. Aromas de triunfo que se consumen en cigarrillos que perdieron el sabor en el humo de un fuego convertido en polvo. Hogares que buscan dueño sin encontrar almas que habiten sus paredes forradas de recuerdos. Náufragos que continúan buscando su isla en el mar de sus ojos deambulantes. Deseos que mueren antes de tocar la luz del sol.



lunes, 9 de abril de 2012

Tear down the walls and free your soul.

Los rayos de luz se colaban entre las rejas como un regalo del exterior. La angustia subía por mi garganta cada vez que mis dedos apretaban los barrotes de hierro sin conseguir apartarlos de la salida. El aire oxidado que se almacenaba en mi pecho tras tantos días respirando en aquella urna de suciedad me revolvía la cabeza y me producía náuseas. Después de tanto tiempo, el olor a oxígeno puro que entraba por las rendijas de la celda me producía un inmenso placer al sentido del olfato. Empujé de nuevo mis brazos contra la verja metálica pero sólo conseguí que un montón de polvo se apresurara a caer encima de mi ropa. La impotencia crecía por momentos ahora que podía distinguir con claridad la luz del sol sin disfrutar de ella. Salir de allí no iba a ser tarea fácil, y menos con toda aquella inestabilidad de por medio.

sábado, 7 de abril de 2012

Face away and pretend that I'm not.

 Muchas veces no se trata de ganar o perder.  Eso es lo de menos.  Yo me refiero a la primera sensación que ciega tu mente y que dirige tus movimientos sin necesidad de presión. Las consecuencias no son más importantes que los impulsos a los que la inconsciencia cede el control. Por eso el peligro está más cerca que lejos cuando las advertencias sólo se oyen de fondo en tu cabeza. Sí, sabes a lo que me refiero. Tú también le has dado la mano al miedo alguna vez, aunque nadie lo sepa.

martes, 3 de abril de 2012

Nunca nos esperamos que la certeza se esconda en la inconsciencia de nuestras reflexiones.

Las farolas proyectaban sombras a lo largo de las calles por las que me deslizaba con sigilo. Mis pies perseguían el rumbo del aire cálido en la negrura de la noche. El ritmo frenético que se agolpaba entre mis costillas seguía presente calentándome el centro del pecho con sumo nerviosismo. El color zafiro del cielo parecía fundirse con el asfalto de las carreteras. Mis ojos brillaban bajo la tenue luz que iluminaba las esquinas de la ciudad, tentando a la verdad a reflejarse en mi rostro. Mis labios se estrechaban con facilidad, curvados en una frágil y hermosa sonrisa que alimentaba el fuego que comenzaba a arder en las entrañas de mi ser. Una pequeña ráfaga de viento jugaba a descolocar el cabello que me caía sobre la frente, envolviendo mis pestañas en agua y colándose entre mi fino jersey color salmón. Sin darme cuenta había encontrado la alegría oculta entre el polvo de mi pesimismo, enterrada en las experiencias y perdida en el pasado, a punto de explotar por una simple acción, por un segundo que ni siquiera me pertenencia, pero que ante todo era el maldito sustento para no morir allí mismo. 

El orgullo a veces es símbolo de la buena vida.

Si quieres algo debes ganártelo con tu propia fuerza. El mundo siempre va a jugar con ventaja respecto a las dificultades de conseguir un propósito que te sirva como arma de lucha. Pero cuando llegue la guerra recuerda que la ansiedad en los ojos de los demás crecerá por segundos según tus pupilas desvelen sus debilidades cuando tus manos sujeten una pistola apuntando a su cabeza. El valor no consiste en ganar una batalla. El coraje se encuentra en cada movimiento que te permite seguir luchando a las puertas de la muerte.