viernes, 30 de marzo de 2012

Verdad es una palabra sucia.

Cerré los ojos en un amago de terminar con todo en la oscuridad de mis pupilas. El viento movía los mechones de pelo que cedían su peso al aire, descolocándolos en mi frente y en el pequeño hoyuelo de mi barbilla. El sol me regalaba el calor de sus últimos rayos de luz en lo alto de las escaleras en las que me hallaba sentada. No quería pensar. No deseaba tener la obligación de respirar a no ser que fuera para expulsar de mi pecho esa sensación de asfixia que ahogaba mis pulmones con cada aliento que salía de mi boca. No me apetecía disfrutar de ninguna compañía que no fuera la mía, ni de ningún lugar que no fuera aquel. En algunas ocasiones era fácil dejarse llevar por esa pacífica corriente que se esparcía como una brisa por encima de mi espíritu, pero en otras, era el mayor reto de mi subconsciencia intentar sustituir el dolor que aprisionaba mi cabeza y mi cuerpo por la estabilidad que no me podía conceder el mundo. Permití que el crepúsculo quemara mis ojos antes de esconderse en la inmensidad del cielo que le abría los brazos. Me escondí entre mis rodillas escuchando los latidos irregulares y veloces que peleaban en mi interior por dominar mi esperanza. Las verdades pueden llegar a ser palabras muy sucias.



Ábreme en canal.

Un asesinato cualquiera está mal visto. Bien, no es de mi incumbencia lo que le suceda a los demás. A veces una se cansa de perder el tiempo con quienes merecen morir y… pierde los papeles. Bueno, más bien la paciencia. Es tan gratificante el dolor ajeno que en algunas ocasiones llego a pensar que me gusta demasiado el sufrimiento de aquellos que un día me hicieron daño. Aún así, intento mantener la calma, los juegos limpios son menos acusadores. Mi nombre cubierto de sangre no es una opción que cubra mis expectativas. El peor enemigo es esa voz que grita en tu cabeza cuando intentas hablar más alto para no escucharla. Yo he aprendido a conservar una conciencia que no sofoque mis oídos por las noches. No me gustaría perder horas de sueño por culpa de remordimientos que se vuelven en mi contra. Después de todo lo mejor es tener el control para actuar como desees. Ése es el secreto de ser el asesino y no el muerto. Saber fingir. ¿O no?



''El coche aceleró justo en el momento exacto en el que mis ojos se despidieron de aquel conjunto de edificios que decían ser mi hogar. Las ruedas comenzaron a deslizarse con velocidad sobre las líneas de la carretera y pude ver cómo la hermosa ciudad se alzaba con elegancia y poder bajo el oscuro cielo. Intenté encontrar alguna pista que me llevara a saber por qué no sentía algún tipo de tristeza por abandonarla de nuevo, a lo lejos, mientras la veía desaparecer, y lo único que conseguí averiguar fue que las sombras que proyectaba sobre la tierra eran más maravillosas que ningún otro lugar que hubiera visto jamás. Cerré los ojos con cautela y me dispuse a mirar al frente, hacia esa incertidumbre deliciosa que me deparaba el camino a donde quiera que fuera. Probablemente añoraría el aroma, las calles, los hogares y los atardeceres de verano contemplando el crepúsculo en el tejado, pero nunca a la gente que habitaba allí.''

Puedo gritarle al viento que conozco a muchas personas, cada una de ellas tan diferente a las demás que llegan a tocar los extremos opuestos que las distinguen y otras tan transparentes como el agua o tan complejas como el amor. En cambio, me es imposible susurrar al aire que sopla en las mañanas de invierno lo increíble que pueden llegar a ser algunos humanos. He tenido la suerte de toparme en el camino con muchos cuerpos pero con muy pocas almas honestas, y sin embargo, eso me ha servido para encontrar personas que han conseguido hacerse un hueco en mi corazón sin que me duela. Por eso soy incapaz de pronunciar el afecto que siento, por miedo a que el mundo lo oiga y quiera quitármelo, porque de tesoros está la tierra llena, pero no todos saben encontrarlos.

jueves, 29 de marzo de 2012

You’re the pretender.

Me gustaría saber cómo consigues dormir por la noche. ¿Sueñas con las mismas mentiras con las que vives? Debe ser un auténtico sufrimiento eso de prestarle demasiada atención a lo que puedan decir de ti cuando ni tú mismo sabes quién eres. Créeme que mataría antes que convertirme en alguien así, en una persona que no acierta a saber qué palabras le describen. Me asombra que creas ser diferente después de todo. La verdad es que tiene gracia ver cómo dudas sobre cualquier opinión que den los demás. ¿Sabes que el miedo a la sociedad es sinónimo de cobardía? Tus negaciones afirman que no te atreves a afrontar esa vieja historia que te persigue a todos lados, ¿pero no te cansas de fingir una victoria que te humilla constantemente? Es una lástima que no sepas luchar para conseguir algo mejor que limpie tu conciencia de temores. En el fondo sabes que no eres más que una mentira sucia y olvidada que es utilizada por todos pero querida por nadie. Ahora comprendo eso de que cada uno tiene lo que se busca. El tiempo es oro y tú no vales lo suficiente como para que alguien lo gaste contigo.



domingo, 25 de marzo de 2012

Uno de estos días aprenderás a temer.

En tus ojos encuentro un atisbo de seguridad, una especie de confianza en la persona que eres. Tu voz no tiembla, tus pasos no son nerviosos y tu conciencia no se pone limitaciones en cuanto a tus actos se refiere. Pero tengo la impresión de que tu orgullo todavía no ha recibido golpes. Sabes lo que es estar en el borde de ese abismo al que todos llegamos, conoces de sobra el dolor, la impotencia, e incluso el miedo, pero a todos nos encanta la estabilidad que proporcionan las opiniones ajenas. Quizá se lo debas a tu experiencia, tienes suerte; pero algún día el suelo desaparecerá debajo de tus pies y el tiempo huirá de ti. Nadie oirá el ultimo latido de tu corazón, y para cuando eso suceda, no habrá nadie que te salve. 



jueves, 22 de marzo de 2012

I'm leaving with blood in my eyes.

Limpié con delicadeza las marcas rojas que se habían quedado en los cristales del suelo. Aún podían distinguirse con claridad las líneas difuminadas que se encaminaban hacia la habitación donde hacía tan sólo uno segundos los gritos habían traspasado las paredes y en la que ahora reinaban el silencio y la calma. Las gotas se resbalaban de mis manos e iban dejando rastros por todos los lados de mi cuerpo. Me incliné debajo del grifo para deshacerme de las manchas que me cubrían desde los ojos hasta la barbilla y dejé que el agua corriera por mis pómulos enjuagando mis mejillas. El lavabo se iba tiñendo de rojo a medida que las marcas oscuras iban desapareciendo de mi piel. El olor a sangre subía por mi garganta, y cobraba forma en mi cerebro produciéndome una agradable sensación de inocencia a la que mi conciencia respondía con respiros profundos y placenteros. La condenada satisfacción por fin acudía a mi ser. 

Será que se ha ido la inocencia que llegó conmigo.

Miré el cielo sin estrellas que caía encima de Madrid. El tiempo había sido mi enemigo, mi aliado y mi confesor, y ahora los dos nos dábamos la espalda para no mirarnos a los ojos. Las voces del pasado llamaban a mi puerta con grandes ojeras grabadas en cada grito que se abría paso por la garganta de la oscuridad. Quizá fuera demasiado tarde para gritarle al mundo un último deseo. 



domingo, 18 de marzo de 2012

This world's not a sick machine.

Yo conozco un lugar donde todos esos miedos que torturan a los vivos desgarran sus voces en el mismísimo infierno y suplican perdón por la mera existencia de las malditas conciencias que los sostienen en pie. En la oscuridad de sus fauces, que se alimentan de las fuerzas humanas procedentes de la desesperación y de las dudas que atormentan a las almas, se perciben los sonidos hondos y rasgados de sus gargantas podridas de envidia y resentimiento, que sollozan e imploran en un intento de sentir algo para lo que no están capacitados. La rabia y la ambición son la única fuente emocional que establece las leyes, y hasta los más fieles a la monstruosidad de sus propias ideas desean que la muerte llegue lo antes posible a sus cuerpos repletos de odio y repulsión. Ése es el sitio donde nacen las lágrimas y toman forma los temores que impiden a las personas vivir como ellos querrían, pero el juego termina cuando se impone la valentía y la seguridad que corre por las venas de los humanos. Bienvenidos sean los asesinos de la suerte a su tumba. 



Algún día echaremos de menos lo que nunca tuvimos.

Te sientes como un desconocido a los ojos del mundo cuando los recuerdos se apoderan de tu memoria. Imágenes de épocas pasadas corren de un lado a otro de tu cabeza para traer de vuelta esos sentimientos que creías difuminados en un ayer demasiado reciente. El calor de esos días felices se instala en tu corazón cuando vuelves a sentir que esos momentos siempre estarán contigo. El tiempo te roba la esencia que acompaña a esa cálida alegría que sigue presente en el fondo de tu alma. Tus manos tiemblan al descubrir esa sensación de nostalgia que envuelve todo tu ser. Sabes que podrás conservar durante toda la vida esa pizca de ilusión que se queda en las palabras y en las compañías que te enseñaron a ver la vida con una sonrisa, pero las circunstancias no se repiten dos veces. Las cosas cambian. Lo que ayer te aferraba a esa felicidad se desvanece, pero es ley de vida. Lo que sientas una vez no volverá a suceder. El frío del presente viene y va, las personas se vuelven distintas, las metas escogen nuevos rumbos. Solo te queda el alivio de que esos sueños vivirán en ti para el resto de tus días. 

Somos unos egoístas. Nos comportamos con indiferencia dentro de un mundo que desprecia y limita las libertades de todos. Ignoramos lo que les sucede a los demás para no tener la obligación de actuar en consecuencia. No nos importan los problemas y situaciones ajenas. O mejor dicho, no queremos que nos importen para no despertar esa vena de sensibilidad que tortura a la raza humana. Y ahí es donde las personas dejan de ser lo que son para convertirse en víctimas de lo que una sociedad creada por las mismas ha obligado a los humanos a dejar de comportarse como tal.

Has perdido lo que no puedes encontrar.

Quizá fueran las prisas las que me no me dejaran pensar. Puede que ellas tuvieran la culpa cuando solo me ocupaba de mirar el reloj de mi muñeca. O tal vez las ganas de ver el mundo de otra manera me hubieran dejado la cabeza con un nido de pájaros entero. De todas formas la mañana que fui a la estación me distraje demasiado con las manecillas del panel digital del metro, y el tren salió sin esperarme. Pero algunas veces es preferible que las cosas sigan su rumbo, porque todo tiene su curso.
Cuando vi la fila de vagones marcharse, sonreí. 




viernes, 16 de marzo de 2012

Situé sus manos por debajo de mi camisa con un gesto rápido y decidido. Sus ojos me contemplaban con una dulzura infantil, con un inmenso cariño que sólo mis anhelos acertaban a saber que escondían el mismo deseo ardiente que mi pervertida mente me obligaba a satisfacer allí mismo. Noté sus dedos subiendo por mi espalda y me preparé para tocar el cielo esa noche. Su aliento se mezclaba con el mío en el interior de su boca haciendo que mi pulso ascendiera por segundos. Mis labios se fundían en su cuello mientras mi cuerpo se arqueaba con placer sobre el suyo alcanzando los límites del deseo. Era demasiado tarde para dar marcha atrás. El mundo ya era nuestro.





miércoles, 14 de marzo de 2012

Olvidando quienes solíamos ser.

No podía soportarlo de nuevo. Todos los días la misma historia. A veces pensaba que era pura casualidad, que no tenía nada que ver conmigo, que había otras muchas razones por las que mi desequilibrio emocional sufría tantos altibajos, pero de alguna manera nunca se disipaba esa sensación de culpa que me atacaba una y otra vez.
El sol comenzaba a esconderse cuando caí en la cuenta de que el frío había empezado a simpatizar con mis brazos. Mis ojos se alzaron para encontrarse con la figura de Alice, que seguía enfrascada en encontrar alguna respuesta en la oscuridad del inmenso cielo a sus no pocos problemas. Al igual que yo, ella también estaba buscando una salida en sus silencios, y al menos me reconfortaba no ser la única que no quería que sus preguntas se quedaran tan solas como lo habían hecho hasta ahora.
-Alice, nunca desaproveches tu vida esperando. Si quieres que las cosas cambien, debes ser la primera que lo haga, o el mundo no lo hará por ti. Recuerda que las oportunidades llegan y se van.-Cogí un profundo respiro de aire fresco mientras hablaba. La verdad es que solo podíamos actuar.-Los sueños se marchan con la intención de no volver jamás. 




Everybody's fool.

-¿Como puedes escuchar ese ruido? Si mas que canciones parecen la banda sonora de una masacre humana.
Subí el volumen del radiocasete hasta el máximo.
-Esto es una forma de expresión que protesta demasiado sobre lo que no le gusta y que no tiene vergüenza de gritarle al mundo lo que piensa. Aunque claro, que vas a entender tu con esa conciencia tan pequeña.
Nos esforzamos demasiado en que las cosas sean perfectas, cuando lo mejor está en dejarse llevar por la curiosidad de seguir viviendo cada minuto sin saber qué pasará al siguiente. Las sonrisas inconscientes y las casualidades que nos ofrece el destino son suficiente como para mantener la ilusión, porque después de todo a las personas lo que más nos gusta es sentirnos vivas, y quién sabe cuándo vamos a encontrarnos con esa razón que descoloque todos nuestros sentidos. Nadie sabe lo que nos espera, y ése es el motivo para no perdernos ni uno sólo de los días que tenemos la suerte de disfrutar, ya sean tardes melancólicas o las mejores noches que jamás soñamos. Somos humanos, y no debemos desaprovechar la ocasión de vivir. 

martes, 13 de marzo de 2012

No hay mayor pérdida que la muerte de las esperanzas.

El sonido se sus pasos nerviosos resonaba en las paredes de la fúnebre sala por la que se paseaba con aire impaciente e insatisfecho. La mirada desesperada y profundamente vacía que cargaban sus ojos analizaba cada esquina con una ansiedad que estaba muy lejos de atender a razonamientos lógicos. El silencio que alimentaba el ambiente frío y distante de la habitación acompañaba la respiración entrecortada y exhausta que se habría camino entre sus pulmones enfermos. La cura que necesitaba su alma nunca llegaría a tiempo, y ni siquiera esperar un milagro en los últimos segundos de vida que le quedaban le salvaría de las fauces del maldito presente que empezaba a convertirse en un pasado sin nombre delante de él.
Con los ojos perdidos en la infinita oscuridad de la noche y el corazón hundido en la sangre que se congelaba en el nacimiento de su pecho, decidió desvanecerse ante los ojos de aquel ambicioso mundo que le contemplaba luchar contra la locura que poseía sus entrañas. 
Ya no quedaban doctores que pudieran salvar su cuerpo del cúmulo de sentimientos que lo hundían en las más despiadadas alucinaciones. 




annnnnnnnnnnnnsiedad

Por un momento creí que la cabeza me iba a estallar. Me dolían hasta los ojos de tanto obligarme a contradecirme. Me agaché en el suelo con los brazos rodeando mi cara. Empezando por la confusión y acabando por el miedo. Así me pasaba los días, bebiéndome mis temores.¿De qué tenía miedo? Si en el fondo nadie mejor que yo sabía lo que estaba sucediendo en realidad. 
Me acurruqué con la cabeza apoyada entre mis piernas.
Me estaba rindiendo ante las posibilidades. 


domingo, 11 de marzo de 2012

Alguien me enseñó que las circunstancias no se pueden forzar

Vienen los problemas y nos damos la vuelta. El cara a cara desgarra las esperanzas e impide la vuelta atrás, y eso nos produce más miedo que el que realmente tenemos frente a la situación. Mirar a los ojos al dolor y desafiar su precisión, su poder de convicción, nos debilita demasiado porque no nos deja elección al sentirnos acorralados por nuestro propio intento de controlar la desesperación de la fiera angustia que sentimos. Pero con esto no me refiero a un acto de cobardía. Algunas veces las circunstancias nos superan a nosotros mismos y sólo podemos esperar. Sentarnos a ver el tiempo pasar y a conservar el último hilo de ilusión que nos aferre a curvar los labios en un gesto de auténtica alegría.

sábado, 10 de marzo de 2012

Encontraré una cura para este cáncer.

Los deseos que habían prometido ayudarme a conciliar el sueño en las noches de insomnio se estaban caducando, cayendo a mis pies y susurrándome al oído que no abandonara la persona que era. Estaba dejando paso a que un extraño vacío encaminara mis pasos hacía algún lugar lejos de todo, pero no tenía la menor idea de cuál era mi propósito. Los recuerdos y las promesas del pasado me pesaban en la conciencia, pero un nuevo tipo de ansiedad corroía mis entrañas. No podía evitar sentirme culpable por dejar atrás aquello que un día mis labios se atrevieron a llamar hogar, pero algo invisible me obligaba a no pasar por alto aquella sensación de ahogo que me entumecía el pecho hasta no poder respirar. No sabía qué era lo que estaba buscando, ni dónde encontrarlo. Sólo esperaba tener el valor suficiente para superar lo que estuviera por llegar. Tenía ganas de sumergir la cabeza en el fondo del mar hasta quedarme sin aire en los pulmones y sin conciencia en la mente. Necesitaba que algo mucho más grande que todo esto ocupara mi lugar, que no quedaran huecos ni heridas, ni rastros de culpabilidad, ni siquiera tristeza. Esto no se lo debía a nadie, era un descanso para mi pobre sonrisa muerta. A partir de ahora no me dejaría morir en los silencios, no me permitiría olvidar nada ni a nadie, y mucho menos dejar de creer en mí para confiar en los demás. Se acabó el juego de esperar a que las circunstancias cambien, tenía que aprender a matar antes de sentirme a salvo. Las decisiones implican consecuencias difíciles, pero en eso consiste salvarte el pellejo.




jueves, 8 de marzo de 2012

La estupidez humana no tiene límites.

Me contuve. La ira se expandía hasta lugares inexistentes hasta ese momento en mi cuerpo. Intenté calmar la rabia que ardía en mí. Si me daba la vuelta, si algún día cedía, sería el fin, tanto el de ellos como el mío. El suyo por ser víctimas de mi cansancio, y el mío por no ser capaz de ignorarles. Pero no iba a darles esa satisfacción, para empezar porque ya había acumulado demasiado odio durante años, y para terminar porque se lo debía a mis ideales, aquellos que había desenterrado gracias a la ayuda de personas, cosa que, esas voces de detrás de mí estaban muy lejos de ser. Respiré despacio y me alejé del miedo, de las dudas y de todo lo que tuviera que ver con cambiar la seguridad de mi pensamiento. Total, ¿qué era lo que temía? Aquella masa de gente que esperaba detrás de mí a una reacción débil de mis actos no eran más que monstruos incapaces de saber quién era cada uno de ellos, porque ni siquiera se diferenciaban en algo, tan sólo se dedicaban a perseguir y acabar con la paciencia de los demás apara sentirse a gusto con lo que ellos no podrían ser nunca. Pensándolo bien quizá si que tuviera algún miedo que me atormentara día tras día. 
Sí. La infinita estupidez humana.


martes, 6 de marzo de 2012

No todos los ángeles tienen la suerte de vivir en el cielo.

Ella entierra su rostro bajo sus rodillas. Sus ojos le rogan que no llore más, que ya ha tenido suficiente por hoy, pero no le hacen caso. Sus manos tiritan de frío entre las mantas rotas que intentan servirle de hogar en el suelo de las calles. Las medias rasgadas dejan pasar el aire helado hasta el último rincón de su cuerpo enfermo de soledad, y el ruido de los coches es el único sonido que complementa su silencio de tristeza. No tiene lugar a dónde ir, ni casa, ni una mano amiga que consuele lo que queda de su persona. Ella vaga por la oscuridad de la ciudad intentando encontrar un sitio caliente donde poder dormir sin peligro. Sus cabellos despeinados se posan en su cara con frustración, con una ola de cansancio que termina en su boca, en la comisura de unos labios que han olvidado qué significa sonreír. Sus pies se dirigen sin rumbo hacia dónde quiera que se encuentren los caminos asfaltados, a espera de que algún automóvil pueda prestarle una pequeña suma de dinero para mantenerse con vida a cambio de un rato de compañía, de unas horas que le permitan comer gracias a la angustia humana de satisfacer los instintos. Sus pupilas ya no brillan, su semblante ha adoptado un aspecto duro y serio que no podrá desaparecer nunca. Sus oídos no escuchan, sólo oyen los pasos indiferentes de los miles de ciudadanos que sólo se preocupan de su propia suerte, de esos que no agachan la vista cuando tropiezan con unos ojos avergonzados al pie de sus respectivas casas pobladas de dinero.



domingo, 4 de marzo de 2012

The truth is hidding in your eyes.

Para abrir los ojos primero tiene que haber un golpe. Sí, una pequeña muestra de lo que ocurre realmente tanto fuera como dentro de uno mismo. Algo que determine sin compromiso alguno una salida que no deje abierta ninguna puerta, que sea el único camino o vía de escape después de ver las cosas claras, sin importar si éstas son del agrado de nuestra conciencia o no. El error es que a las personas les gusta creerse lo que piensan, por muy equivocados y concienciados que estén. Y si añadimos el egoísmo común a todos los seres del planeta a las decisiones de cada uno, así no hay escapatoria ninguna. Todos temen tragarse su orgullo, como las grandes víctimas del asesinato de sus verdades.



sábado, 3 de marzo de 2012

Estoy buscando ese silencio, que sea la melodía que acune mis sueños.

Mi cuerpo se estremeció debajo de sus brazos. Podía notar su aliento recorriendo mi cuello mientras el frío me helaba la piel. El sol había desaparecido y en el cielo quedaban rastros de luz que se encaminaban hacia el crepúsculo. Pegué mis labios a sus mejillas y dejé que el calor que se escapaba de mi boca dibujara ondas en el aire. Adoraba quedarme quieta escuchando latir su corazón en medio del silencio que se movía por las calles. Los latidos se aceleraban cuando nuestros ojos se compenetraban en aquella semioscuridad que se cernía sobre la tarde, y mi satisfacción tocaba los límites de la razón que me tanto me atraían hasta la vida. Teníamos todo ese mundo por delante recordándonos que aquello era tan sólo el principio. Era maravilloso. Sus manos acariciaban mi cintura con el permiso que robaba de mis labios. Enterré la cabeza en su pecho y me resguardé del viento que empezaba a colarse por debajo de mi ropa. Sólo le necesitaba a él para sonreír.  

A veces tu propia libertad no depende enteramente de ti.

Desde luego yo no era la persona más apropiada para pedir nada. En el momento en que mis ojos se posaban en el suelo, ése que últimamente parecía un maravilloso mundo recién descubierto, me esfumaba con el corazón entre los dientes. El hecho de que mis deseos empezaban en la inconsciencia de mis pensamientos más hondos, los que me ahogaban la voz cuando llegaba mi turno de enfrentarme a la adrenalina que me subía por la garganta, me había servido para aprender que algunas decisiones no se toman con la conciencia sobria.  De algo tendría que servirme estar loca, ¿no?

viernes, 2 de marzo de 2012

Se me olvidó que la sinceridad se esconde en palabras que no se dicen.

A día de hoy las cosas son más difíciles. No tengo la menor idea de qué debo hacer. Me consume la impotencia hasta límites que creí imposibles en mí y mis fuerzas flaquean cuando creo estar segura de cómo quiero actuar. Tú no estabas en mis planes, eso es lo único cierto de todo esto. Sólo sé que a pesar de todo ahora le doy las gracias al destino por descolocar lo que me atreví a llamar vida cuando aún no estabas en ella.  



La sombra del día nubla tu existencia.

Estar allí dentro me sofocaba. Los oídos me pitaban con el detestable ruido del gentío. Codazos y empujones me llegaban desde todos los ángulos posibles. La boca se me resecaba de la ansiedad y hasta mis ojos perdían el rumbo entre la inmensa cantidad de gente. Pero allí seguía mi conciencia, de pie, sin inmutarse, invisible, observando la masa de personas que se movía de un lado a otro sin ningún propósito más que llamar a la puerta de mi nerviosismo, concentrada en los miles de pies que caminaban para llegar a sus respectivos caminos, con el sentido de la audición pateado por las ruidosas pisadas del mundo ami alrededor.
Lo cierto es que las miles de voces sonaban como una misma. Eso sí, si te parabas a escuchar con detenimiento, había claras diferencias entre las débiles y las fuertes. No era cuestión de gritos lo que las hacía sobresalir entre las otras, si no la precisión y la seguridad que las caracterizaba. Pero claro, era imposible reconocer cualquier cosa entre la muchedumbre que no fuera una característica común a todas: El intento de las personas por ser todos de una misma manera, de la misma forma hipócrita e incrédula que los demás.


jueves, 1 de marzo de 2012

Sólo llévame lejos de aquí, porque quiero creer que esto es sólo mi miedo.

Hasta un determinado punto todo es fácil, la lógica arrastra todas las acciones y la mente no se opone a ninguna de ellas. Los problemas empiezan cuando el corazón decide las soluciones. Entonces comienza esa guerra interna entre lo instintivo y lo racional. Ésa que depende completamente de lo que desea tu ser y que controla cada movimiento de tu cuerpo, sobretodo el del miedo.



Esto es más grande que nosotros.

Me paré en seco. ¿Para qué iba seguir andando? ¿A dónde pretendía llegar, a los confines del mundo? ¿Con qué fin? Si todo lo que había hecho era dejarme llevar y sellar mi boca con un estúpido silencio durante años. Cuando quieres hacer algo que desde un principio nunca has intentado acaba siendo demasiado tarde. Y para mí el mayor castigo era no haber aprendido a escapar en su momento. Había luchado por lo que no debía, por lo que creí que era algo más que un presente, y me había dado de bruces con las luces del tráfico en medio de la oscuridad. Bastante tiempo había dejado pasar ya como para continuar lamentando lo que iba a dejar atrás. Algunas circunstancias te enseñan que o te vales por ti mismo o acabas muerto. Y eso era precisamente lo que me disponía a hacer. 
Bajé corriendo por la carretera mientras el frío se colaba entre mis ropas. Sólo necesitaba salir de allí y buscar. Buscar hasta encontrar. Luchar por el presente que nunca tuve y siempre quise. Porque a veces lo mejor es gritar en silencio y desgarrarse las entrañas en la propia sangre con tal de seguir vivien
do.