miércoles, 29 de febrero de 2012

I never thought I'd die alone.

Alcé los ojos con miedo y me descubrí temblando de los pies a la cabeza como una hoja caída y pisoteada por miles de pies desconocidos. Quizá fuera cierto que las personas podemos desarrollar una extraña dependencia hacia otras, pero yo no quería sentir aquel nudo en la boca del estómago cada tarde que me pasaba con la cabeza a punto de estallar debajo de la almohada. No quería desperdiciar más tiempo esperando el resultado de una decisión que no sólo dependía de mí. Estaba cansada de tachar días y meses que no hacían más que ocupar sitio en el calendario, que eran mañanas y noches perdidas e inservibles. Me sentía como una maldita desconocida intentando encontrar la manera de actuar antes de que el tiempo volviera a jugármela con más fuerza. Pero no podía negar que era desconcertante que alguien a quien ni siquiera conocía pudiera ejercer aquel poder sobre mí, el de que consiguiera que mi vida no fuera una equivocación más, como lo era yo a la vista del estúpido mundo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario