sábado, 28 de enero de 2012

corre mientras puedas

Mi corazón latía a la velocidad de la luz. Mi cuerpo bombeaba la sangre que quedaba dentro de mí con una fuerza que nacía en mi subconsciente y terminaba en mi pobre alma desterrada, nunca antes presente en ninguno de mis actos. Mis pies continuaban moviéndose más rápido que mis propias meditaciones, ya que robaba más energía el pensar que podría darme por muerta si me alcanzaban que el continuar intentando que ninguno de mis miembros me fallara en medio de mi exhausta carrera de huida.
Superando los límites del tiempo, seguí corriendo con el aliento empapado en aire helado, observando los árboles que iban quedando atrás conforme avanzaba entre la oscuridad del bosque, que por fortuna tapaba las huellas que podían revelarme. 
Entonces, justo cuando unos pocos metros me separaban de salir ilesa de aquel mar de asesinatos, una hoja de acero paralizó mis músculos atravesando el centro de mi pecho. 
Mi propio intento de salvación me había matado

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