viernes, 28 de diciembre de 2012


Nadie se para a pensar que los humanos somos productos de nuestra propia naturaleza. Somos el resultado de nuestros instintos y de nuestros miedos. Debemos nuestra existencia a nuestra misma muerte. ¿Y por qué? Nuestro mundo gira en torno a una única razón: el poder. La avaricia del inconsciente es el panel de control de cada individuo. 
El hombre por definición ha sido diseñado para ser autosuficiente. La especie nunca ha revelado mantener un fin común; mas si al principio de los tiempos el ser humano demostró poseer algún rastro de verdadera humildad o generosidad, con el paso de los siglos ha demostrado que su máximo objetivo es prevalecer por encima de lo todo lo posible. Así, atribuyendo cada acción a esta necesidad innata de dominar su entorno, se ha obtenido una maquinaria inteligente, dotada de sentimientos y de una conciencia exclusivas, que están bajo las órdenes de un interior subconsciente repleto de deseos irrevocables e inexorables, tales como el deseo de la supremacía, la ambición, el odio o la codicia.
Por estas y muchas razones más, desde que el hombre supo todo lo que podía conseguir a través de sus propias habilidades y de sus conocimientos, optó por convertir su organismo y su mente en las armas más potentes del universo : la unión de ambas cosas supondría la autoridad máxima en un planeta gobernado por la inhibición de la sensibilidad y del raciocinio, acompañadas de las peores torturas viables para aquellos de su misma raza.
Uno de los problemas que ha supuesto en la sociedad esta "humanidad colectiva" es el hecho de encontrar un modo de vivir por encima de las posibilidades que nos mantenían anclados en un límite, lo que nos ha llevado a amenazar nuestra propia forma de vida siendo el afán de poder el problema inicial. Sin embargo, el mayor dilema del ser humano se centra en que él mismo construye la  puerta hacia el infinito abismo de su muerte. ¿Acaso la sutileza que en un origen mantuvo al hombre preso de sus buenas obras podrá acabar en una lucha contra su propia esencia posterior?

Todos queremos vivir, pero nadie quiere morir. Estamos programados para destruirnos, y por lo tanto para sobrevivir; para ser inmunes al dolor externo y para sentir hasta en el más profundo rincón de nuestra mente nuestra impotencia. 
Lo que ocurre, y siempre sucederá, es que jamás dejaremos de ser víctimas de nosotros mismos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Sentir es la primera opción, pensar es la segunda.

Con los ojos cerrados continuó bailando bajo el sol. Los rayos acariciaban su cuerpo y su corazón se fundía con el calor que emergía de su pecho, libre y preso al mismo tiempo por los intensos latidos que lo poseían. 
Una lágrima cayó por su mejilla. Sabía que pasara lo que pasara, siempre seguiría luchando.



lunes, 3 de septiembre de 2012

YOU CAN'T STOP IT SCREAMING OUT.

Y supongo que se está acabando mi tiempo. Si es así, todo mi mundo desaparecerá antes de que pueda verlo por primera vez subestimando al miedo de morir y al de vivir que siempre lo consumió. Aunque cuando estás en medio de la destrucción de tu propia historia no existen excusas para temer. No puedes ver más allá de tus pies sujetos al abismo, a punto de saltar al precipicio que te brindará la oportunidad de poseer lo que nunca fue tuyo. Solo quedan los minutos corriendo por encima de la velocidad de tu corazón.
Y así me hallaba yo, contemplando los segundos que velaban mi tumba.


lunes, 13 de agosto de 2012

Estado crítico.

Cuando te preguntan por tus hazañas todo el mundo cree que mientes. Pero la cuestión no es si realmente lo haces o no. Lo que ocurre es que en tu lugar ellos sí lo harían, y por tanto, prefieren pensar que tú no eres igual de débil que sus mentes.

martes, 7 de agosto de 2012

Shout it out for me.

Luchar contra un rival siempre requiere fuerza, ya sea física o mental, y un estudio completo del oponente para conocer tanto sus mejores golpes como sus debilidades. Ahora imagina que el enemigo es alguien que conoces demasiado, una persona imposible de derribar que no tiene ninguna posibilidad de perder. Tu única debilidad, para ser exactos. De ser así, ¿Serías capaz de ganar una batalla contra ti mismo?


lunes, 6 de agosto de 2012

Y no sé por qué no estás aquí.

Empecé a correr bajo la lluvia como si fuera mi última oportunidad para ser libre. El sol se alzaba a los pies del cielo iluminando todo el barrio, tocando la carretera con delicadeza en un intenso crepúsculo de película que superaba cualquier lugar paradisíaco del mundo. El olor a humedad me envolvía, llegando a todos los rincones de mi cuerpo y mente, recordándome lo que significaba la vida. Un poco de calor abrazaba el aire y acariciaba mi piel, mientras las gotas que seguían cayendo desde las nubes me hacían cosquillas sobre los hombros descubiertos. Era lo más hermoso que había visto en toda mi existencia. Un arco iris recorría el cielo por encima de mí, abrigando aquella parte de la ciudad con una increíble ola de colores vivos, puros. Sentí la libertad deslizándose por mis venas, haciendo que mis sentidos despertaran, que todo salvo aquel refugio desapareciera ante mis ojos. Allí estaba a salvo del mundo. Ése era mi hogar, mi pequeño trozo de vida, donde solo había espacio para tocar la felicidad.


viernes, 3 de agosto de 2012

The end.

Yo les quería, más de lo que ellos nunca pudieran imaginar, pero sabía que no podía aguantar más tiempo engañándome no solo a mí, si no a todos. No había solución, ni vuelta atrás, ni un nuevo comienzo. El único espacio que quedaba entre nosotros lo llenaba el odio, los reproches y el rencor. Y si había aprendido algo en los años de mi infancia, cuando nada me preocupaba, cuando había sonrisas adornando la cara de mis padres y palabras amables cada momento del día, era que no se podía cultivar amor donde sólo quedaban ruinas de dolor y sufrimiento. 
Y ése era mi caso. Nuestro caso perdido.
Intenté conciliar el sueño sin éxito. Me revolvía una y otra vez en la cama sin poder descansar. No dejaba de pensar en cómo las cosas habían cambiado. No sabía cuándo empezó todo, pero lo único claro que tenía era que debía marcharme, y cuanto antes mejor. Ninguno era culpable de nada, o quizás todos teníamos de qué arrepentirnos. Sin embargo, nadie iba a dejar el orgullo de lado, porque nadie estaba dispuesto a cambiar.
Traté desesperadamente de olvidarme del mundo por un segundo y dejar que se esfumara fuera de mi cabeza. Me pesaban los ojos y me acunaba la pena, así que decidí dormir con las lágrimas empapando la almohada. Algún día todo sería diferente, pero por ahora solo me quedaba tiempo para soñar con otra vida. Tiempo que se me escurría entre las manos.
Mientras, una voz susurraba en mi cabeza: ''Max, los que se quieren, no se hacen daño.''

lunes, 30 de julio de 2012

And I'm gonna make your head burn.

Dicen que todo es devuelto, que las heridas sanan, que las cicatrices se borran. En cambio, hay otros que piensan que la venganza se crea, como instinto de supervivencia, como justicia eterna, y que el dolor puede perdurar, pero solo si uno quiere, tal y como las marcas de guerra acompañan el alma y la piel, pero como pacto de valor. Yo, por lealtad al orgullo, por inconsciencia, o quizás por casualidad, pertenezco al segundo grupo, por eso que dicen de que para ganar, primero hay que perder... Y no precisamente la cabeza.



jueves, 26 de julio de 2012

Burn, burn, burn.

"Lo supe, y lo sabré toda mi vida. Al igual que tú. No debí mirarte nunca a los ojos. Todos aquellos días fueron un maldito desperdicio, una basura que me encerraba en ti, una droga que mi cuerpo hambriento necesitaba sentir corriendo bajo el reflejo azulado de las venas de mi brazo, tocando la inconsciencia, mientras la muerte lenta llegaba después a mí. 
Eso era todo lo que podía conseguir de ti. Un poco de dolor emanando de mis entrañas. Y pensándolo bien, no era un premio que tuviera que considerar más de una vez. No me tenía ganado el cielo, y sin embargo no me preocupaba. Ya había tocado las tinieblas solo con rozar tu aura fría, dura. Tu coraza de cobardía era tan hermosa que tapaba todos tus defectos, pero no ocultaba tus miedos. El temor a la soledad, a que dejaran de quererte de un momento a otro, a perder lo poco que tenías, a arrepentirte para siempre. El terror al fracaso.
Por eso prefiero no conocer a las personas. Las decepciones siempre duelen más cuando provienen de alguien que no es un extraño. Contigo hice una excepción, porque me gustaba creer que no eras tú. Será eso de que el amor es ciego, el culpable. Pero a día de hoy, aunque reconozco que te hubiera entregado hasta el último pedazo de mí, sé que no habrías merecido nada. Y mantengo mi palabra."




domingo, 22 de julio de 2012

Una elección. Sobrevivir, o caer.

Seguía caminando con el dolor apretándole el pecho. Iba a morir, pero sabía que no lo haría con miedo. No entraba en sus planes la idea de retirarse antes de pisar tierra. Le enseñaron a apuntar y a disparar sin reparar en quién había al otro lado del rifle, y ahora era el momento de demostrar que no temía a estar solo. Su única compañía era su valor. Sólo tenía que recordar que fuera a donde fuera siempre se tendría a él mismo. Pero no era más que eso, un héroe. 


Enjuagué el último vaso bajo el agua tibia del grifo. Mis manos se deshicieron del jabón mientras el líquido helaba mi sangre aún más. Ella estaba callada. Reinaba el silencio, pero intenté que mis oídos no percibieran su voz dentro de mi cabeza. Me temblaba el alma. Sabía que seguía tumbada en el sofá, con los ojos perdidos en su futuro, en esa vida llena de satisfacciones que tenía. Podía oírla respirar suavemente desde el salón. El pulsó se me aceleró. Puse los puños en cada esquina de la pared. Desgraciadamente la seguía sintiendo en mi corazón aunque no quisiera. Todos mis intentos de olvidarla y de ignorar el deseo que ardía en mi pecho, eran una mentira. Sabía de sobra que no servían de nada. Me había propuesto empezar de nuevo y limpiar mi sufrimiento, pero no podía. Acabar con todos los recuerdos que habíamos vivido era como proclamar mi propia muerte. Y poco a poco me iba debilitando. Así que allí estaba de nuevo aquel miedo claro como la luna, dispuesto a acabar conmigo y con mi odio, que era lo único que habitaba en mí. Mi mayor pesadilla hecha realidad. Yo sólo temía a ese amor que me venía grande. Pero supongo que el dolor estaba hecho a mi medida, una vez más. 


Sigilosamente me dirigí hacia mi habitación con el valor pendiendo de un hilo. Coloqué el leve desorden que había por el suelo y posé los ojos sobre el cristal que tenía en frente de mí. Observé cómo el espejo reflejaba la imagen de un extraño. Un joven de ojos desconocidos, frágil, de rostro cansado. Alguien que antes solía conocer, y que ahora no sabía de quién se trataba. Un pobre desgraciado sin voz. 
De repente, una mano apareció alrededor del cuello de aquel desconocido. Era ella. Sus ojos centelleaban en la leve oscuridad que me permitía ver nuestro reflejo. Pude percibir su tranquilidad descendiendo por mi pecho. Ellen sonreía, y yo hice lo mismo, solo que con una rara presión entre las costillas. Sus delicados piececitos se balanceaban descalzos con una gracia hermosa, infantil. Ojalá todo fuera de otra manera. Pero las cosas eran así. No estábamos destinados a estar juntos. ¿Tan difícil era de entender? Seguí con la mirada su cabello azabache, que caía por sus hombros desnudos, tal y como lo estaba su cuerpo bajo aquella fina camisa de seda negra que hacía que mi imaginación jugara a ser mi peor enemigo. Qué belleza la suya. Nunca lo podría haber dicho mejor. Suya, porque ella no era de nadie, y ése era el puñal que se clavaba en mi alma cada noche. 
Dejé caer los brazos sobre su vientre y rodeé su cintura. Era tan doloroso estar tan cerca y tan lejos de ella a la vez que por un momento creí que mi cuerpo iba a estallar. Perdí la mirada en las oscuras esquinas de la habitación y olvidé todo… menos su nombre.

jueves, 19 de julio de 2012


Abrí los ojos con cautela. Más que miedo, era dolor, pero demasiado frágil como para vencer mi estabilidad… corría por mis venas impulsándose poco a poco con el bombeo de mi corazón, llegando hasta mi cabeza, lavándome el cerebro, destrozando cualquier sinónimo de paz que quedaba en mí, para hacerme ver que mi cuerpo tenía debilidades mayores que mi mente. Y no había más verdad que esa. Mi espíritu se mantenía firme, pero cada una de mis fibras musculares se rendía ante las consecuencias físicas de estar bajo tortura. No sentía presión alguna en mi alma. Y en cambio, mis pulmones se estaban asfixiando dentro de mi pecho como una suave pesadilla. 


Sabía que todo iba a ir bien. No existía peligro alguno. Sólo el pequeño detalle de que podía morir en cuanto el dolor ascendiera a mi mente me hacía revolverme en aquel maldito hoyo. Mi peor acompañante era el olor a cadáver que resurgía de las profundidades de la tierra. Pero quizá toda mi suerte se concentraba en no ser el alimento de los gusanos de aquel maldito nicho.

martes, 17 de julio de 2012

Desiderata.

   Y tras quince años de duro trabajo, de mañanas y noches que habían llegado a formar parte del mismo día, de tanto esfuerzo derrochado en los demás... Allí se encontraba, con los codos apoyados en el escritorio y los ojos perdidos en el montón de papeles que impedían ver la mesa que había debajo de ellos. 
   El hombre mantenía el mentón alzado, casi en una mueca, con los labios sellados por el silencio que ocupaba su consulta. La ventana de enfrente dejaba pasar con regularidad las ráfagas de aire que soplaban fuera, en la naturaleza, haciendo ondear los mechones negros que caían sobre la frente del doctor, moviendo su bata levemente hacia los lados permitiendo que el nombre de Mr. Smith apareciera grabado en la tela. Conservaba unas facciones suaves que hacían resaltar aún más su belleza, que comenzaba en unos labios finos y hermosos, seguidos de la profundidad de unos ojos claros que se debatían entre el cielo y el infierno. No obstante, el joven no sonreía. Solo era capaz de observar la silla que tenía delante, ésa en la que tantos pacientes habían resuelto su vida gracias a él. 
   Qué curioso que se hubiera propuesto acabar con los problemas de todo el mundo, pero que nadie hubiera solucionado los suyos.


viernes, 13 de julio de 2012

¿Quién dijo que morir es ser derrotado?

Mi mayor preocupación no es pudrirme en una cárcel. Probablemente ése sea mi único destino y mi único fin desde que vine al mundo. Mi sombra solo teme a la verdad, que es la que tiene el poder de aniquilar cada cuerpo y mente. O quizás debería decir a la mentira, que viene a ser lo mismo. Y no solo por los tiempos de hoy. De cualquier forma, sé que en el preciso segundo en que vayan a fusilarme, no tendré miedo de gritar 'libertad' antes de convertirme en polvo. No lo tendré, porque solo soy uno más entre los arrestados, en medio del terror urbano. Uno de esos que saben que van a ver a la muerte antes de irse a dormir por haber luchado por lo que les pertenece.

domingo, 8 de julio de 2012

Cigarro en mano, inyección en vena.

Todos quieren probar 
Eso que llaman amor
Y en las calles solo quedan
Botellas llenas de alcohol.
La gente esta muy puesta
Y to' esto es un descontrol.


Under a sky of dust.

"-Yo no le debo nada a nadie. Aquí cada uno se cuida a sí mismo. Pero es esa maldita avaricia la que siempre está en medio de todo. La estúpida codicia es la que decide qué hacer con el personal de las oficinas cuando los jefes de planta se quejan del salario mensual mientras los obreros de enfrente se juegan su vida subidos en la decimotercera planta de un edificio a medio construir. Es la frialdad del ser humano la que guarda sus límites en las grandes sociedades, en las inmensas urbes plagadas de odio y orgullo, allí donde las grandes masas de gente se mueven por ideas comunes y fáciles, que tienen el mismo fin caótico y destructivo, proveniente de la ignorancia (tanto consciente como inconsciente) del hecho de manejar y eliminar los derechos de los que son como ellos, tan solo por la satisfacción que le produce al monstruo humano tener el poder de todo lo posible. El control, subiendo a través de gritos y súplicas del pueblo por su garganta, mezclándose con la histeria de los demás países, y la desesperación de todo el que vive bajo las órdenes de la injusticia, son el alimento de su egoísmo. Y la tapadera perfecta de su cobardía. Y claro, entre los que hacen la vista gorda, y los que viven para acatar las leyes, esto es un cachondeo. Y yo solo vengo a decir que ellos sabrán lo que hacen. "

lunes, 2 de julio de 2012

Qué corta es la vida, y qué largo es el tiempo.

Sentado a las puertas de lo que algunos llamaban su hogar, sus manos descansaban alrededor de un pequeño reloj de cuerda cubierto de polvo, en el que las manecillas de metal seguían marcando un momento en concreto, un segundo que ahora no sería más que un instante entre miles, pero que en el día en que decidió pararse en el tiempo, había significado un antes y un después para su dueño. A la memoria venían a buscarle recuerdos borrosos, repletos de una intensa niebla grisácea. Momentos del pasado que sin pertenecerle eran suyos, igual que de toda la humanidad, solo que pocos se daban cuenta de aquello. 
La suciedad que cubría la pequeña cadena, de la que colgaba la esfera de números grabados en plata vieja y oxidada, le hablaba. Le contaba historias que nadie más sabía, ancladas en el olvido pero presentes en el alma de personas de años atrás, de esas que sí hacían honor a la palabra "ser humano" y que luchaban por una libertad que no existía. Había batallas en las casas, en las afueras de las ciudades, dentro de los ayuntamientos, esquina tras esquina niños con pistolas a la espera de poder sobrevivir. En todos los lugares vivía el dolor. Pasear por la calle con una mirada fría, en desacuerdo con los ideales que defendían las millones de voces que hacían temblar el país, suponía un balazo entre ceja y ceja. Solo como acción. Sin remordimiento, dolor o pena. Hombres inocentes, niños enfermos con las manos manchadas de sangre, asesinatos entre la muchedumbre que intentaba escapar, y otros cuentos que parecían sacados de una obra de terror llegaban a sus oídos con solo observar aquel objeto histórico, aquella reliquia mugrienta a la que ya no le quedaba tiempo, porque lo había gastado todo en un intento de salvar las únicas vidas que podían ayudarle a no morir fusilado. Aquel amuleto siempre tendría un minuto para contarle al mundo las injusticias que los humanos nunca han tenido reparo de cometer, con tal de alzar la bandera de la victoria encima de una torre de cadáveres del país vecino.
Sin embargo, pocos serían los que se detuvieran a mirar el reloj, y muchos menos los que vieran en él la historia de los que murieron sin nombre por culpa del egoísmo que asol(aba) el mundo. Aun así, después de cien años de guerras y torturas sin razón alguna más que la superación de la avaricia y la gilipollez del estado, la gente no tenía un segundo para entretenerse a mirar la vida y a sus asesinos. O quién sabe, quizá nunca lo hayan tenido, ni para mirarse a sí mismos.
Algo que a diferencia del siglo veintiuno, antes sí se valoraba: la diferencia entre tener tiempo para vivir, y vivir sin mirar el reloj.


viernes, 29 de junio de 2012

Era fácil pensar que ya no quedaba nada. Todo se lo había llevado la niebla del olvido que habitaba en esa parte terca y deshabitada de mi cabeza. Las cosas habían cambiado. No me quedaba tiempo para pensar, simplemente todo había sido destruido. Las ruinas que yacían ante nosotros eran demasiado grandes, más de lo que nunca hubiéramos imaginado. Se nos había ido de las manos la vida, la única que prometía un futuro que nos salvaría de la desgracia que nos perseguía. Mi mente daba vueltas intentando encontrar una explicación a lo que todos sabíamos. Noté el sabor de la nada subiendo por mi pecho. Empecé a pensar que quizá habíamos pedido más de lo que podíamos obtener. Todos habíamos mirado por nosotros, y nos habíamos olvidado de lo que nos rodeaba… Lo que nos unía, había volado por los aires, al igual que cada pedazo de madera que crujía bajo mis pies. Nuestro hogar hecho trizas, con cada recuerdo manchado de envidia, egoísmo y celos. Eso era lo que poseíamos. Aunque en cierta manera era mejor así. En mitad de aquel silencio inerte, comencé a llorar.

jueves, 28 de junio de 2012

Condena de muerte


Cerré las manos sobre su cuello. El tipo me miraba con los ojos en sangre. A mí no me satisfacía matar. Yo no había nacido para eso, no era un asesino a sueldo. Sólo estaba a punto de devolver un favor… Apreté con más fuerza los dedos contra su garganta hasta ver que todo el color de su cuerpo se concentraba en su cara. Las duras facciones del hombre (que no sobrepasaría los cuarenta) se tornaron débiles, permitiéndome atisbar el horror que le torturaba por dentro. Clavé las pupilas en las suyas, presas de pánico. Impulsé el cuerpo hacia atrás sintiendo aún el pulso de su corazón bajo mis manos, ahora como un latido sordo y frágil, impidiéndole chillar a pesar de los esfuerzos. Con un rápido movimiento lancé al hombre por encima de mis hombros hasta verlo caer en el suelo, muerto. Un líquido oscuro empezó a descender por su cabeza. Noté cómo todos mis músculos se relajaban, al fin.

lunes, 25 de junio de 2012

High and dry.

Creo que me dolían los oídos de tanto escuchar monólogos sin sentido. Era incómodo hasta cierto punto, pero intenté no pensarlo. Supongo que me había acostumbrado a oír demasiadas quejas provenientes de la vida de los demás. Ahora cada vez que tenía que hacer de psicóloga personal de alguien era más fácil fingir atención que mantener la mente ocupada en los problemas ajenos. Aunque no por ello era menos estúpido moverme en esa atmósfera de indiferencia que emanaba de mis contestaciones precisas y cortas. Podría haberlo definido como cansancio... Pero no tenía ganas de pensar. Bastaba con pronunciar las palabras y exclamaciones adecuadas en el momento exacto y procurar mover los labios en función de si debía alegrarme o no la información que llegaba a mis oídos. Fácil. Ya era natural actuar así. Mientras, yo me encontraba lejos, muy lejos de allí, donde nadie podía alcanzar la verdad que me pisaba los pies.

domingo, 24 de junio de 2012


Los fuegos artificiales iluminaban todo el campo de fútbol desde lo alto del cielo. Miles de colores explotaban y venían a caer invisibles a nuestros pies. Era realmente hermoso observar el espectáculo. El murmullo de las copas de los árboles, que se mecían con delicadeza a pocos metros del cielo, parecía fundirse con los ruidos que violaban las calles de silencio, de voces calladas por la expectación. Pero yo no podía oír absolutamente nada. Yo no escuchaba. Yo solo quería desaparecer.
El viento me golpeaba con fuerza. Me dolían las manos, la cara, el cuerpo... pero nada comparado con el dolor que tiraba de mí desde mi interior. Por un momento perdí la noción del tiempo. ¿Acababa de oír que tenía la posibilidad de verle? Así era. Percibí como el nudo comenzaba a formarse de nuevo en mi garganta. Todos mis planes se esfumaron ante su nombre. No había nada que quisiera hacer que no fuera contemplarle un segundo, aunque no sirviera. Y eso me mataba. Ser yo quien decidía morirme. ¿De que me servía? Si nadie sabia mejor que yo que esto no me llevaba a ninguna parte. De nuevo mis ganas de él, mi ansiedad traumática y enferma y mi debilidad emocional. Me derrumbé. Era siempre la misma historia. La misma vieja sensación de dolor vagando por mis entrañas. Y no podía remediarlo.
Salí del campo de fútbol mientras divisaba a lo lejos una cara conocida. Un rostro demasiado familiar como para pasar inadvertido a mi estúpido radar de sentimientos. Permití que mi cuerpo temblara bajo la tenue luz de los fuegos. Ya no era cuestión de control, tan solo dolor, vacío. Le dediqué unas cuantas eternidades recogidas en segundos de atención y desaparecí.
Le quería. 

martes, 19 de junio de 2012

La esclavitud le da la mano al miedo.

Nunca temas a la vida ni a quien pueda haber en ella. Cuida que cada uno de tus movimientos sean controlados sólo por ti, y jamás le des a alguien el poder de dirigir el curso de tus días. No permitas que ninguna herida hable de más, y álzate sobre tu verdad. El dolor, tanto pasado como presente, puede suponer una muerte segura. No es el hecho el que hace culpable a un criminal, si no las intenciones que le empujan a cometerlo. Por eso ten siempre claros tus fines. Las dudas se mueven entre la inseguridad, arrastrándote hacia el fondo de tu voluntad, para matar tu sed de supervivencia, y siempre serán ese enemigo dispuesto a disfrutar tu derrota. Sólo debes defender tu lugar.

Like the sun we will live to rise.

No pronuncies lo que tengas miedo de creer. Las mentiras, en el aire, terminan siendo verdades, y pueden hacerte caer con ellas. Por eso, hagas lo que hagas, vive para ascender a lo más alto, o muere bajo la traición de la rendición.



Cenizas.

''Me sentía rota. Solo unos metros me separaban de él, pero mi desesperación me gritaba que entre nosotros había más kilómetros de por medio que los que cualquiera alcanzara a imaginar. El dolor emanaba de mis entrañas con más ímpetu cada día. Yo solo podía esperar. Tendría que confiar en que el tiempo me ayudara a aprender la lección. Me hallaba en uno de esos momentos en los que nada me daba miedo. Ni siquiera temía a las voces de mi conciencia, porque ya nada me importaba. Mi vida no dejaba de ser como un cigarrillo que se paseaba entre varias manos, pero que ninguna boca se disponía a probar. Yo era la colilla que se consumía en el silencio de las noches. Y nadie iba a venir a recoger mis cenizas impregnadas de amor. De ese que algunos dicen, que duele hasta matar.''

domingo, 17 de junio de 2012


La brisa fresca del mar envolvía mis lágrimas al pie del inmenso océano. Olas gigantes venían a romper en las enormes rocas camufladas por el crepúsculo, situadas debajo del acantilado, a varios kilómetros de las débiles luces de la ciudad que se reflejaban en la aún cálida superficie del agua. 
Mis ojos cansados de llorar observaban cómo el sol se retiraba en lo alto del cielo para ceder su lugar a la oscuridad de la noche, que pronto reinaría sobre las profundidades del mar.


Corro y escapo. Mis pulsaciones se aceleran y mi boca se reseca con el aire que entra en mis pulmones. Mi ansiedad se termina en el camino y vuelve a mi mente con cada paso que mis pies dan hacia el abismo de lo desconocido. Pero sé que las respuestas aparecerán cuando mi huida llegue a su fin y mi corazón no encuentre otra salida que afrontar sus miedos.


El sol se alzaba en lo alto del cielo con fuerza. Sus rayos de luz iluminaban las escaleras en las que me hallaba sentada. De repente mi corazón se aceleró. Todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo comenzaron a tener vida propia dentro de mí. Allí estaba de nuevo, delante de mis ojos, descolocando la poca tranquilidad que me quedaba encima y revolviendo la paciencia que creía haber encontrado un sitio definitivo en mi cabeza.


Yo creo que a veces no sabemos cuán de fuertes somos. Sí, algunas noches nos acostamos con lágrimas en los ojos y nos levantamos con ojeras que nos acompañan unas cuantas semanas, pero todo tiene su motivo. La fuerza está en el orgullo, en la lucha por lo que es tuyo. Pero no conseguimos verlo. Somos humanos por caer y valientes por pensar que podemos levantarnos a pesar de estar muertos. De cada equivocación y de cada golpe sacamos no lo mejor de nosotros, aunque sí esa parte racional que es capaz de reponerse con su propio silencio.


Sé que todo es temporal. Los sentimientos, las personas, las circunstancias.. Hasta el último detalle nos arrastra siempre en un constante cambio. 
Nada dura para siempre, y ése es justo el motivo para intentar que algo sí lo haga.


martes, 5 de junio de 2012

De vez en cuando Lindsay dejaba de observar el horizonte para darle una calada al cigarrillo que paseaba entre los dedos. El humo salía de su boca con elegancia, como si buscara una manera de disolverse en el aire después de haber explorado su cuerpo. Mike vigilaba en silencio cómo sus labios acariciaban la colilla antes de aplastarla contra el suelo. Nunca se cansaría de admirar esos ojos infieles a la obediencia de nadie. Era una especie de castigo ver cómo hasta sus gestos más duros seguían siendo sensuales. Siguió contemplándola con la cabeza llena de ideas, tanto de conclusiones que llevaban durmiendo con él desde que consiguieron salir ilesos de las explosiones de gas hasta las últimas averiguaciones que hacía su mente con cada minuto que pasaba con su escurridiza compañera. Tan fría a veces, tan dócil a otras... quizá jamás llegara a saber quién se escondía detrás de aquella actitud indiferente. A pesar de todo sabía que esa desconocida siempre se dedicaría a desmontar sus planes y sus argumentos. Ahora le preocupaba su vida. No debían haber huido hacia el sureste, pero ya era tarde para retroceder. Los guardias estarían a punto de atraparlos.
-Sigo sin entender qué quieren. Lo tienen todo, empezando por el dinero y terminando por el control de cada persona a la que le ponen las manos encima. Si sólo tienen que desear algo para tenerlo, ¿por qué continúan haciendo esto? ¿por qué no te han capturado ya?
Lindsay le miraba fijamente a los ojos desde el asiento del coche. Volvió a encender otro cigarrillo mientras intentaba abrir la caja de cerillas.
-La primera regla es sobrevivir con el miedo sin que tome el control de ti. Ellos no están capacitados para nada que no sea matar, por lo que no tienen una defensa real. Se refugian en exterminar primero a las víctimas moralmente, así saben que será fácil luchar contra alguien que está deshabilitado psicológicamente. Su única arma es la información. Por eso no deben saber quién eres. Si no te conocen, no pueden matarte.

domingo, 3 de junio de 2012

Con los pies fríos no se piensa bien.


Es curioso que tengamos que ver el peligro acercarse para enfrentarnos a él en vez de haberlo evitado desde el principio. Pero quizás sea así y realmente necesitemos ese impacto que consiga movernos de sitio antes de que la tormenta arrase con nosotros. Siempre estamos esperando como si tuviera que haber una señal para empezar a correr en el trayecto de nuestro camino. Los objetivos no dejan de ser metas invisibles que nos sostienen en los momentos difíciles. 






viernes, 25 de mayo de 2012

En un incendio la probabilidad de muerte es prácticamente nula. Es difícil no recibir ayuda del exterior si hay gente atrapada bajo algún escombro o en su mismo hogar, en lugares que estén a punto de destruirse. Eso es porque siempre hay personas que han dedicado su vida a intentar salvar la de otros antes que la suya. Distintas fuentes de rescate están dispuestas a arriesgarse por cumplir su deber. Si alguien muere suele ser porque el tiempo juega en su contra. 
Pero..¿quién puede evacuar el fuego cuando es el corazón de un humano el que arde en llamas?


El viento hablaba, y sus ojos le contaban la historia al eco del silencio, al compañero que siempre estaba dispuesto a escuchar. No hacían falta palabras que rompieran la calma. Bastaba con observar la belleza que llevaba tatuada en la piel, la de la verdad.
Su mirada era limpia, clara, casi transparente, incomparable a cualquier sensación de paz que alguna vez hubiera visto. Dentro de ella habitaba una tranquilidad inmune, incapaz de temer a nada. Un halo de serenidad se abría paso en sus labios y terminaba en sus pupilas, hundidas en la confianza de su persona. En sus ojos se reflejaba la noche, tan negros como la oscuridad que acunaba su casa. No tenía miedo. No estaba huyendo. El murmullo del exterior dejaba espacio para los latidos lentos y tardíos que emitía su corazón. 
Sobrevivir. Ése era su propósito.


lunes, 21 de mayo de 2012


Me apoyé con el pecho encima del gigante altavoz. El ritmo de los sonidos me tranquilizaba. Había una fuerza invisible que los mantenía unidos, de forma que sonaran a la vez, completamente al unísono y sin una sola equivocación. Escucharlos me hacía sentir viva. Me dejé llevar por los latidos que salían del aparato. Los golpes suaves y precisos estaban perfectamente coordinados. Era maravilloso oírlos. La idea de que un simple sonido como aquel pudiera transmitir tantas cosas en unos pocos segundos se comenzó a adentrar en mi mente con sumo interés. Cerré los ojos y dejé que mis sentidos se fugaran a donde quisiera que fueran las notas que el cacharro de color gris metálico emitía. 

jueves, 10 de mayo de 2012

freeeeedom

El sol acariciando mis ojos, fundiéndose con la tez tostada de mi piel, llenando hasta el último rincón de mis huesos de calor, sumergiéndome bajo el olor del océano, hundiéndome en las olas de la libertad. Eso era todo lo que ansiaba: existir. En todos los sentidos. Limitarme a respirar sin plantearme si necesitaba motivos. Llenar el pecho de aire y dejar que el viento fuera el único cómplice entre mi cuerpo y yo.

domingo, 6 de mayo de 2012

ASESINOS.

La pistola temblaba en sus manos. La incredulidad era lo único que vagaba en el aire, el frío del río tintado de negro. El cadáver ensangrentado aún mantenía la mirada firme en la dirección que la bala le había alcanzado el pecho. Escapar era imposible. Su cuerpo estaba intentando huir y su mente no se podía liberar del miedo. El viento helado le arrancaba de la cara las lágrimas que le limpiaban la cara de cicatrices salpicadas por la culpa. Sus ojos se ahogaban en el infinito buscando una señal de vida. El silencio había anidado en su corazón y el tiempo le había jurado venganza a su delito. Sus manos siempre quedarían manchadas de sangre por muchos años que pasaran. La muerte estaba pintada en su supervivencia.

viernes, 4 de mayo de 2012


Yo no podía hacer nada más que contemplarla llorar en aquel rincón húmedo y frío debajo de las escaleras con la necesidad de ayudarla de alguna manera. El dolor afloraba en sus ojos con demasiado ímpetu. Sus manos nerviosas rodeaban su rostro intentando que yo no consiguiera ver las ojeras que marcaban su piel y las lágrimas que se amontonaban en su camiseta color cielo. Tras un largo rato de silencio en el que se desahogó consigo misma me atreví a pasar un brazo por encima de su hombro, a lo que tal y como yo esperaba respondió sacando de su interior todo el sufrimiento acumulado en un llanto sordo y débil. La estreché contra mi pecho y dejé que se calmara poco a poco.
-¿Sabes? La gente siempre dice que la vida es buena cuando se encuentran en una situación que les fortalece. Pero también dicen que es una pesadilla si se les viene el mundo encima en cualquier momento. En cambio, yo creo que los dos extremos nunca son ciertos del todo y que siempre conviven juntos. ¿Y sabes por qué? La razón es que no existe un límite para cada humano. Estamos ligados al odio sin saber que es tan fuerte como el amor. Pensamos que el dolor sólo nos hace débiles y que los temores son inservibles pero, ¿si no existiera el miedo, como llegaríamos a ser valientes? Si no nos equivocáramos, ¿cómo sabríamos qué es lo correcto? Algunas veces la inconsciencia tiene más lógica que nuestras creencias. La propia existencia es la mayor fortuna que tenemos entre las manos.
Por primera vez apareció una leve sonrisa en los labios de mi amiga. Sus pupilas ya no mostraban ansiedad si no paz y eso me reconfortó. 
-Salgamos de aquí.-Cogí su mano y nos incorporamos-Hoy no vas a desaprovechar tu vida.


domingo, 29 de abril de 2012

Heart of courage.

El sudor empapa su frente. La sangre se desliza por su cuello recordándole que las heridas que le perforan el pecho no desaparecerán nunca de su alma. Las fuerzas le flaquean cada vez que una explosión hace volar por los aires a los supervivientes que están escondidos en el barro. Los cadáveres van cayendo a ambos lados de su cuerpo mientras las bombas siguen destruyendo vidas con cada disparo del cañón enemigo. La línea de la vida se desvanece en el aire, frente a sus ojos. Los gritos y los lamentos se abren paso entre los ríos ensangrentados que sepultan millones de corazones ahogados en el frío. El viento arrastra el dolor de los vivos en lo alto del cielo ennegrecido por el humo. Sus armas no pueden luchar contra el mayor enemigo de todos: el miedo. Pero un soldado jamás abandona su puesto por temor a la muerte. Es la única promesa de los valientes.

domingo, 22 de abril de 2012

La lluvia nos mojaba a los dos por igual, enfrentando nuestra furia debajo de aquel cielo negro como el infierno. Las gotas resbalaban por su rostro con exquisita velocidad dejando que la tenue luz de la noche se encargara de enfocar la conciencia limpia que asomaba a sus ojos. Esta vez no era furia. Ni siquiera odio. La presión que me cerraba la garganta palpitaba en mi cerebro formando una única herida que me provocaba un intenso dolor en mitad de la espina dorsal. Una hoguera invisible ardía entre los pocos metros que nos separaban. El estrépito del agua chocando bajo nuestros pies retumbaba en mis oídos separándome del mundo, acercándome al vacío que luchaba entre mis huesos calados de pena. Alcé la vista para encontrarme con su impasible figura detrás del agua que empapaba su cuerpo. Le di las buenas noches al universo, y me disolví entre la lluvia.

domingo, 15 de abril de 2012

Sick of today, I'm sick of tomorrow.

Es como una caída libre a 5.000 metros de altura. Es un dolor vacío, frío y seco. Los huesos se despedazan en el primer impacto. La presión es excesiva, los pulmones no tienen la posibilidad de renovar el aire oxidado que los envenena. El cuerpo es víctima de convulsiones y sofocos en su cerebro. No existe el tiempo, solo el ruido sordo de la colisión. Y tras el final del descenso el viento saborea la nada.

jueves, 12 de abril de 2012

Si conocerte es odiarte, entonces amarte debe ser como el suicidio.

Me obligué a contar hasta diez antes de que la rabia se hiciera con el control de mi cuerpo. La misma vieja historia recorría mi cabeza haciéndome responsable del odio hacia mí misma y hacia todo lo que alguna vez había conseguido robarme el poco orgullo que habitaba en mí. Ya no quedaba tiempo para las oportunidades que tantas veces me habían jurado en mi imaginación cambiar todas las equivocaciones que me perseguían. Mis manos no respondían al frío que congelaba mis venas. Las ojeras que decoraban mis ojos se me antojaban irreversibles e inútiles ahora que la verdad hablaba por sí misma, dejando atrás la velocidad de las primeras decisiones. Es cierto que toda aquella furia escondía un puñado de lágrimas que se desahogarían en silencio, a solas, pero incluso la tristeza tenía un motivo mayor que la desesperación para arrebatarme la energía que tiraba de mí hacia el subsuelo. Las contradicciones no dejaban de sucederse en el eco de mi mente, golpeando mi paciencia y aumentando la ansiedad que se cernía sobre mis dudas. Todas mis preocupaciones se confundían sin llegar a conclusiones claras retando a mi cansancio a pensar en nuevas soluciones que consiguieran sacarme de allí antes de acabar enferma, infectada de realidad incoherente y absurda que sólo me hundiría en la paranoia.

martes, 10 de abril de 2012

Esta noche podemos morir en paz.

Nanas que silban en mitad de las pesadillas que asilan la oscura neblina de las calles. Latidos que nacen en corazones dormidos por la derrota de la espera. Palabras que se deslizan entre sueños hacia el silencio de la verdad. Mentiras que se cuelan debajo de las almohadas  para olvidar la presión del dolor. Relojes que congelan los segundos en eternidades de espanto y desesperación. Días que se suceden como partidas sin victoria. Aromas de triunfo que se consumen en cigarrillos que perdieron el sabor en el humo de un fuego convertido en polvo. Hogares que buscan dueño sin encontrar almas que habiten sus paredes forradas de recuerdos. Náufragos que continúan buscando su isla en el mar de sus ojos deambulantes. Deseos que mueren antes de tocar la luz del sol.



lunes, 9 de abril de 2012

Tear down the walls and free your soul.

Los rayos de luz se colaban entre las rejas como un regalo del exterior. La angustia subía por mi garganta cada vez que mis dedos apretaban los barrotes de hierro sin conseguir apartarlos de la salida. El aire oxidado que se almacenaba en mi pecho tras tantos días respirando en aquella urna de suciedad me revolvía la cabeza y me producía náuseas. Después de tanto tiempo, el olor a oxígeno puro que entraba por las rendijas de la celda me producía un inmenso placer al sentido del olfato. Empujé de nuevo mis brazos contra la verja metálica pero sólo conseguí que un montón de polvo se apresurara a caer encima de mi ropa. La impotencia crecía por momentos ahora que podía distinguir con claridad la luz del sol sin disfrutar de ella. Salir de allí no iba a ser tarea fácil, y menos con toda aquella inestabilidad de por medio.

sábado, 7 de abril de 2012

Face away and pretend that I'm not.

 Muchas veces no se trata de ganar o perder.  Eso es lo de menos.  Yo me refiero a la primera sensación que ciega tu mente y que dirige tus movimientos sin necesidad de presión. Las consecuencias no son más importantes que los impulsos a los que la inconsciencia cede el control. Por eso el peligro está más cerca que lejos cuando las advertencias sólo se oyen de fondo en tu cabeza. Sí, sabes a lo que me refiero. Tú también le has dado la mano al miedo alguna vez, aunque nadie lo sepa.

martes, 3 de abril de 2012

Nunca nos esperamos que la certeza se esconda en la inconsciencia de nuestras reflexiones.

Las farolas proyectaban sombras a lo largo de las calles por las que me deslizaba con sigilo. Mis pies perseguían el rumbo del aire cálido en la negrura de la noche. El ritmo frenético que se agolpaba entre mis costillas seguía presente calentándome el centro del pecho con sumo nerviosismo. El color zafiro del cielo parecía fundirse con el asfalto de las carreteras. Mis ojos brillaban bajo la tenue luz que iluminaba las esquinas de la ciudad, tentando a la verdad a reflejarse en mi rostro. Mis labios se estrechaban con facilidad, curvados en una frágil y hermosa sonrisa que alimentaba el fuego que comenzaba a arder en las entrañas de mi ser. Una pequeña ráfaga de viento jugaba a descolocar el cabello que me caía sobre la frente, envolviendo mis pestañas en agua y colándose entre mi fino jersey color salmón. Sin darme cuenta había encontrado la alegría oculta entre el polvo de mi pesimismo, enterrada en las experiencias y perdida en el pasado, a punto de explotar por una simple acción, por un segundo que ni siquiera me pertenencia, pero que ante todo era el maldito sustento para no morir allí mismo. 

El orgullo a veces es símbolo de la buena vida.

Si quieres algo debes ganártelo con tu propia fuerza. El mundo siempre va a jugar con ventaja respecto a las dificultades de conseguir un propósito que te sirva como arma de lucha. Pero cuando llegue la guerra recuerda que la ansiedad en los ojos de los demás crecerá por segundos según tus pupilas desvelen sus debilidades cuando tus manos sujeten una pistola apuntando a su cabeza. El valor no consiste en ganar una batalla. El coraje se encuentra en cada movimiento que te permite seguir luchando a las puertas de la muerte.



viernes, 30 de marzo de 2012

Verdad es una palabra sucia.

Cerré los ojos en un amago de terminar con todo en la oscuridad de mis pupilas. El viento movía los mechones de pelo que cedían su peso al aire, descolocándolos en mi frente y en el pequeño hoyuelo de mi barbilla. El sol me regalaba el calor de sus últimos rayos de luz en lo alto de las escaleras en las que me hallaba sentada. No quería pensar. No deseaba tener la obligación de respirar a no ser que fuera para expulsar de mi pecho esa sensación de asfixia que ahogaba mis pulmones con cada aliento que salía de mi boca. No me apetecía disfrutar de ninguna compañía que no fuera la mía, ni de ningún lugar que no fuera aquel. En algunas ocasiones era fácil dejarse llevar por esa pacífica corriente que se esparcía como una brisa por encima de mi espíritu, pero en otras, era el mayor reto de mi subconsciencia intentar sustituir el dolor que aprisionaba mi cabeza y mi cuerpo por la estabilidad que no me podía conceder el mundo. Permití que el crepúsculo quemara mis ojos antes de esconderse en la inmensidad del cielo que le abría los brazos. Me escondí entre mis rodillas escuchando los latidos irregulares y veloces que peleaban en mi interior por dominar mi esperanza. Las verdades pueden llegar a ser palabras muy sucias.



Ábreme en canal.

Un asesinato cualquiera está mal visto. Bien, no es de mi incumbencia lo que le suceda a los demás. A veces una se cansa de perder el tiempo con quienes merecen morir y… pierde los papeles. Bueno, más bien la paciencia. Es tan gratificante el dolor ajeno que en algunas ocasiones llego a pensar que me gusta demasiado el sufrimiento de aquellos que un día me hicieron daño. Aún así, intento mantener la calma, los juegos limpios son menos acusadores. Mi nombre cubierto de sangre no es una opción que cubra mis expectativas. El peor enemigo es esa voz que grita en tu cabeza cuando intentas hablar más alto para no escucharla. Yo he aprendido a conservar una conciencia que no sofoque mis oídos por las noches. No me gustaría perder horas de sueño por culpa de remordimientos que se vuelven en mi contra. Después de todo lo mejor es tener el control para actuar como desees. Ése es el secreto de ser el asesino y no el muerto. Saber fingir. ¿O no?



''El coche aceleró justo en el momento exacto en el que mis ojos se despidieron de aquel conjunto de edificios que decían ser mi hogar. Las ruedas comenzaron a deslizarse con velocidad sobre las líneas de la carretera y pude ver cómo la hermosa ciudad se alzaba con elegancia y poder bajo el oscuro cielo. Intenté encontrar alguna pista que me llevara a saber por qué no sentía algún tipo de tristeza por abandonarla de nuevo, a lo lejos, mientras la veía desaparecer, y lo único que conseguí averiguar fue que las sombras que proyectaba sobre la tierra eran más maravillosas que ningún otro lugar que hubiera visto jamás. Cerré los ojos con cautela y me dispuse a mirar al frente, hacia esa incertidumbre deliciosa que me deparaba el camino a donde quiera que fuera. Probablemente añoraría el aroma, las calles, los hogares y los atardeceres de verano contemplando el crepúsculo en el tejado, pero nunca a la gente que habitaba allí.''

Puedo gritarle al viento que conozco a muchas personas, cada una de ellas tan diferente a las demás que llegan a tocar los extremos opuestos que las distinguen y otras tan transparentes como el agua o tan complejas como el amor. En cambio, me es imposible susurrar al aire que sopla en las mañanas de invierno lo increíble que pueden llegar a ser algunos humanos. He tenido la suerte de toparme en el camino con muchos cuerpos pero con muy pocas almas honestas, y sin embargo, eso me ha servido para encontrar personas que han conseguido hacerse un hueco en mi corazón sin que me duela. Por eso soy incapaz de pronunciar el afecto que siento, por miedo a que el mundo lo oiga y quiera quitármelo, porque de tesoros está la tierra llena, pero no todos saben encontrarlos.

jueves, 29 de marzo de 2012

You’re the pretender.

Me gustaría saber cómo consigues dormir por la noche. ¿Sueñas con las mismas mentiras con las que vives? Debe ser un auténtico sufrimiento eso de prestarle demasiada atención a lo que puedan decir de ti cuando ni tú mismo sabes quién eres. Créeme que mataría antes que convertirme en alguien así, en una persona que no acierta a saber qué palabras le describen. Me asombra que creas ser diferente después de todo. La verdad es que tiene gracia ver cómo dudas sobre cualquier opinión que den los demás. ¿Sabes que el miedo a la sociedad es sinónimo de cobardía? Tus negaciones afirman que no te atreves a afrontar esa vieja historia que te persigue a todos lados, ¿pero no te cansas de fingir una victoria que te humilla constantemente? Es una lástima que no sepas luchar para conseguir algo mejor que limpie tu conciencia de temores. En el fondo sabes que no eres más que una mentira sucia y olvidada que es utilizada por todos pero querida por nadie. Ahora comprendo eso de que cada uno tiene lo que se busca. El tiempo es oro y tú no vales lo suficiente como para que alguien lo gaste contigo.



domingo, 25 de marzo de 2012

Uno de estos días aprenderás a temer.

En tus ojos encuentro un atisbo de seguridad, una especie de confianza en la persona que eres. Tu voz no tiembla, tus pasos no son nerviosos y tu conciencia no se pone limitaciones en cuanto a tus actos se refiere. Pero tengo la impresión de que tu orgullo todavía no ha recibido golpes. Sabes lo que es estar en el borde de ese abismo al que todos llegamos, conoces de sobra el dolor, la impotencia, e incluso el miedo, pero a todos nos encanta la estabilidad que proporcionan las opiniones ajenas. Quizá se lo debas a tu experiencia, tienes suerte; pero algún día el suelo desaparecerá debajo de tus pies y el tiempo huirá de ti. Nadie oirá el ultimo latido de tu corazón, y para cuando eso suceda, no habrá nadie que te salve. 



jueves, 22 de marzo de 2012

I'm leaving with blood in my eyes.

Limpié con delicadeza las marcas rojas que se habían quedado en los cristales del suelo. Aún podían distinguirse con claridad las líneas difuminadas que se encaminaban hacia la habitación donde hacía tan sólo uno segundos los gritos habían traspasado las paredes y en la que ahora reinaban el silencio y la calma. Las gotas se resbalaban de mis manos e iban dejando rastros por todos los lados de mi cuerpo. Me incliné debajo del grifo para deshacerme de las manchas que me cubrían desde los ojos hasta la barbilla y dejé que el agua corriera por mis pómulos enjuagando mis mejillas. El lavabo se iba tiñendo de rojo a medida que las marcas oscuras iban desapareciendo de mi piel. El olor a sangre subía por mi garganta, y cobraba forma en mi cerebro produciéndome una agradable sensación de inocencia a la que mi conciencia respondía con respiros profundos y placenteros. La condenada satisfacción por fin acudía a mi ser. 

Será que se ha ido la inocencia que llegó conmigo.

Miré el cielo sin estrellas que caía encima de Madrid. El tiempo había sido mi enemigo, mi aliado y mi confesor, y ahora los dos nos dábamos la espalda para no mirarnos a los ojos. Las voces del pasado llamaban a mi puerta con grandes ojeras grabadas en cada grito que se abría paso por la garganta de la oscuridad. Quizá fuera demasiado tarde para gritarle al mundo un último deseo. 



domingo, 18 de marzo de 2012

This world's not a sick machine.

Yo conozco un lugar donde todos esos miedos que torturan a los vivos desgarran sus voces en el mismísimo infierno y suplican perdón por la mera existencia de las malditas conciencias que los sostienen en pie. En la oscuridad de sus fauces, que se alimentan de las fuerzas humanas procedentes de la desesperación y de las dudas que atormentan a las almas, se perciben los sonidos hondos y rasgados de sus gargantas podridas de envidia y resentimiento, que sollozan e imploran en un intento de sentir algo para lo que no están capacitados. La rabia y la ambición son la única fuente emocional que establece las leyes, y hasta los más fieles a la monstruosidad de sus propias ideas desean que la muerte llegue lo antes posible a sus cuerpos repletos de odio y repulsión. Ése es el sitio donde nacen las lágrimas y toman forma los temores que impiden a las personas vivir como ellos querrían, pero el juego termina cuando se impone la valentía y la seguridad que corre por las venas de los humanos. Bienvenidos sean los asesinos de la suerte a su tumba. 



Algún día echaremos de menos lo que nunca tuvimos.

Te sientes como un desconocido a los ojos del mundo cuando los recuerdos se apoderan de tu memoria. Imágenes de épocas pasadas corren de un lado a otro de tu cabeza para traer de vuelta esos sentimientos que creías difuminados en un ayer demasiado reciente. El calor de esos días felices se instala en tu corazón cuando vuelves a sentir que esos momentos siempre estarán contigo. El tiempo te roba la esencia que acompaña a esa cálida alegría que sigue presente en el fondo de tu alma. Tus manos tiemblan al descubrir esa sensación de nostalgia que envuelve todo tu ser. Sabes que podrás conservar durante toda la vida esa pizca de ilusión que se queda en las palabras y en las compañías que te enseñaron a ver la vida con una sonrisa, pero las circunstancias no se repiten dos veces. Las cosas cambian. Lo que ayer te aferraba a esa felicidad se desvanece, pero es ley de vida. Lo que sientas una vez no volverá a suceder. El frío del presente viene y va, las personas se vuelven distintas, las metas escogen nuevos rumbos. Solo te queda el alivio de que esos sueños vivirán en ti para el resto de tus días. 

Somos unos egoístas. Nos comportamos con indiferencia dentro de un mundo que desprecia y limita las libertades de todos. Ignoramos lo que les sucede a los demás para no tener la obligación de actuar en consecuencia. No nos importan los problemas y situaciones ajenas. O mejor dicho, no queremos que nos importen para no despertar esa vena de sensibilidad que tortura a la raza humana. Y ahí es donde las personas dejan de ser lo que son para convertirse en víctimas de lo que una sociedad creada por las mismas ha obligado a los humanos a dejar de comportarse como tal.

Has perdido lo que no puedes encontrar.

Quizá fueran las prisas las que me no me dejaran pensar. Puede que ellas tuvieran la culpa cuando solo me ocupaba de mirar el reloj de mi muñeca. O tal vez las ganas de ver el mundo de otra manera me hubieran dejado la cabeza con un nido de pájaros entero. De todas formas la mañana que fui a la estación me distraje demasiado con las manecillas del panel digital del metro, y el tren salió sin esperarme. Pero algunas veces es preferible que las cosas sigan su rumbo, porque todo tiene su curso.
Cuando vi la fila de vagones marcharse, sonreí. 




viernes, 16 de marzo de 2012

Situé sus manos por debajo de mi camisa con un gesto rápido y decidido. Sus ojos me contemplaban con una dulzura infantil, con un inmenso cariño que sólo mis anhelos acertaban a saber que escondían el mismo deseo ardiente que mi pervertida mente me obligaba a satisfacer allí mismo. Noté sus dedos subiendo por mi espalda y me preparé para tocar el cielo esa noche. Su aliento se mezclaba con el mío en el interior de su boca haciendo que mi pulso ascendiera por segundos. Mis labios se fundían en su cuello mientras mi cuerpo se arqueaba con placer sobre el suyo alcanzando los límites del deseo. Era demasiado tarde para dar marcha atrás. El mundo ya era nuestro.





miércoles, 14 de marzo de 2012

Olvidando quienes solíamos ser.

No podía soportarlo de nuevo. Todos los días la misma historia. A veces pensaba que era pura casualidad, que no tenía nada que ver conmigo, que había otras muchas razones por las que mi desequilibrio emocional sufría tantos altibajos, pero de alguna manera nunca se disipaba esa sensación de culpa que me atacaba una y otra vez.
El sol comenzaba a esconderse cuando caí en la cuenta de que el frío había empezado a simpatizar con mis brazos. Mis ojos se alzaron para encontrarse con la figura de Alice, que seguía enfrascada en encontrar alguna respuesta en la oscuridad del inmenso cielo a sus no pocos problemas. Al igual que yo, ella también estaba buscando una salida en sus silencios, y al menos me reconfortaba no ser la única que no quería que sus preguntas se quedaran tan solas como lo habían hecho hasta ahora.
-Alice, nunca desaproveches tu vida esperando. Si quieres que las cosas cambien, debes ser la primera que lo haga, o el mundo no lo hará por ti. Recuerda que las oportunidades llegan y se van.-Cogí un profundo respiro de aire fresco mientras hablaba. La verdad es que solo podíamos actuar.-Los sueños se marchan con la intención de no volver jamás. 




Everybody's fool.

-¿Como puedes escuchar ese ruido? Si mas que canciones parecen la banda sonora de una masacre humana.
Subí el volumen del radiocasete hasta el máximo.
-Esto es una forma de expresión que protesta demasiado sobre lo que no le gusta y que no tiene vergüenza de gritarle al mundo lo que piensa. Aunque claro, que vas a entender tu con esa conciencia tan pequeña.
Nos esforzamos demasiado en que las cosas sean perfectas, cuando lo mejor está en dejarse llevar por la curiosidad de seguir viviendo cada minuto sin saber qué pasará al siguiente. Las sonrisas inconscientes y las casualidades que nos ofrece el destino son suficiente como para mantener la ilusión, porque después de todo a las personas lo que más nos gusta es sentirnos vivas, y quién sabe cuándo vamos a encontrarnos con esa razón que descoloque todos nuestros sentidos. Nadie sabe lo que nos espera, y ése es el motivo para no perdernos ni uno sólo de los días que tenemos la suerte de disfrutar, ya sean tardes melancólicas o las mejores noches que jamás soñamos. Somos humanos, y no debemos desaprovechar la ocasión de vivir.