sábado, 31 de diciembre de 2011

Carta a una madre.

''Ojalá nunca te hubieras ido. Ahora me gusta sentarme en tu cama. Me gusta entrar en tu habitación y que el viento me traiga tu esencia, como si aún siguieras aquí, a mi lado. Aún añoro la sonrisa que me acompañó toda la vida cuando el aire me devuelve tu presencia, congelada en un adiós, sumida en el más frío de los sueños, perdida para siempre en el tiempo antes de que pudiera verla por última vez. Mis lágrimas siguen acariciando mi piel cuando recuerdo las miradas cómplices que se paseaban entre nosotras. La figura dulce y tierna que me había protegido de todos los miedos se había esfumado, para convertirse en un débil recuerdo de tu calidez y dejarme perdida en medio del tiempo y las ilusiones. Pero a pesar de la distancia, tú siempre estás presente en mí, porque nunca te fuiste, mamá.''

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