miércoles, 2 de noviembre de 2011

Hasta que se esfume el último aliento de tu pecho.

La música centraba todo su ardor en la pista de baile. Las luces recorrían todo el recinto enfocando miles de ojos que se entrelazaban por los mismos motivos. La adrenalina bailaba al ritmo de los latidos de los millones de corazones que intentaban desprenderse de su conciencia bajo los focos. Las risas en la oscuridad jugaban con la inocencia de los primeros segundos. En los rincones menos iluminados se escondían miradas ahogadas en el desenfreno. El sabor a bebida se esparcía por los labios que se paseaban en la barra. Los instintos ponían límite a la satisfacción de los que no parecían tener suficiente. Los sentimientos se quemaban en la hoguera de la saciedad que se disponía en la entrada de la discoteca. El amor se dejaba en la puerta. La pérdida de control tomaba el mando.



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