lunes, 10 de octubre de 2011

Oí tu voz a través de una fotografía.

Podría rajar mi garganta y desangrarme por completo, dejar que un cuerpo inerte en medio del desastre hablara por sí solo. Sería capaz de beberme todas las botellas del desván sólo para perder la conciencia. Una pastilla más de la cuenta solucionaría el continuo estrés, no tendría que dar explicaciones de mi repentino desmayo.
Podría apretar el gatillo o quemar mi piel, hasta que ardieran mis sueños. Culpar de mi muerte al azar y celebrar como un accidente el paseo hasta el otro mundo. Con fuerza suficiente conseguiría ahogar mis deseos en el pozo de la desesperanza, sin remordimiento alguno. Quizás incluso tendría valor para hacer resbalar mi fe en el camino de la inseguridad.
Podría echar al mar las cenizas que un día dieron forma a mi cuerpo, o intentar desgarrar con gritos mi voz en medio de la noche, hasta no poder pronunciar palabra. O quizá bastara con un preciso movimiento de muñeca para que todo acabara. Pero no iba a intentar nada de eso, porque no serviría. Las cosas más extrañas no podrían cambiar mi opinión. Por desgracia mi corazón siempre iba a latir por ti.




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