lunes, 5 de septiembre de 2011

WE ONLY SAID GOOBYE WITH WORDS .

‘‘Avancé con lentitud hasta la gran boca de oscuridad que me esperaba al otro lado del vehículo. Un pequeño círculo de personas envolvía el hoyo perfectamente acabado que minutos después terminaría con todo. Nunca habría imaginado que el último de mis días se consumiera ante mis ojos en menos de un segundo, aunque relativamente no podría esperar mucho más. Esto no sería más que un final que terminaría por empezar de nuevo, uno de tantos en el mundo, una muerte más de las tantas contadas en mi vida. Levanté el rostro sumido en lágrimas secas. Ya no me quedaban más oportunidades. A las personas les gusta pensar que una vida digna no puede acabar en desgracia, pero siempre se les olvida contar con el factor sorpresa del tiempo. Yo era una de esas personas. Mis pies amenazaban con hundirme en la miseria con cada paso que daba. La caja que sostenía en mis manos se balanceaba en silencio. Pude ver cómo se tambaleaba en el ambiente fúnebre, que arrebataba la esperanza a todos los presentes, sumiéndolos aún más en la desesperación, y cantaba al compás del cementerio la sinfonía de la muerte. El tesoro que dormía entre mis brazos me observaba con ojos cargados de culpa, mientras que el silencio seguía matando dulcemente cualquier señal de melancolía. Me paré en seco enfrente del gran agujero negro que se hallaba a mis pies. Suspiré con ansiedad antes de agacharme a depositar la cajita en su nuevo lugar. Quise creer que en el último minuto no habría espacio para el dolor, y así fue. Todos los presentes bajaron la cabeza en un acto de tristeza. Contemplé cómo mi corazón dejaba de latir dentro de la caja que acababa de depositar en mi tumba. Por un momento dejé de sentir. El círculo de personas se esfumaba poco a poco. La muerte siempre infunde respeto a los vivos. Una bocanada de viento me hizo volver la mirada hacia mi lápida antes de desaparecer en la nada. De nuevo, de vuelta al negro.’’



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