martes, 27 de septiembre de 2011

Ms. Independence

“Y allí sentado, observando cómo el crepúsculo cerraba sus puertas sobre el cielo, pude contemplar cómo la mayor musa de mis sueños se elevaba sobre el asfalto, increíblemente bella en todas sus facetas.
Era la viva imagen de un espíritu que anhelaba completamente la libertad, de una figura luchadora que prometía no rendirse en la última guerra contra su corazón. Se movía con la seguridad grabada en la piel, con la independencia como bandera y con el orgullo tallado en el alma. Sus ojos desafiaban la vida con fuerza, con infinita curiosidad, deseosos de poseer el poder de alzar la voz por encima del silencio de las calles. En cada uno de sus pasos las sombras besaban sus pies. Su cuerpo dibujaba las más bellas formas en el aire cuando las ruedas del patín se entregaban a sus órdenes, acompañando a su orgullo un escalón más cerca del cielo, creando un millón de precisas e inequívocas acrobacias que sólo la obedecían a ella. No era más que un alma despierta dispuesta a romper las cadenas que le impedían salir a correr en busca de su preciada y única libertad. Aparentemente fría, de ideales lógicos y liberales, sólo buscaba ser ella misma en aquella sociedad que parecía ponerle rejas a sus ganas de vivir, sólo anhelaba encontrar un corazón que protegiera el suyo por encima de su propia vida.
Observé por última vez cómo las sombras se deslizaban bajo su cuerpo en las impredecibles piruetas que realizaba contra el viento. Valiente, hermosa; cual diosa de la elegancia coordinando todos sus perfectos movimientos en el aire, se alzaba en medio del atardecer como la gran guerrera que era, con el suelo a sus pies y el mundo entero a su disposición. ” 




jueves, 22 de septiembre de 2011

Buscar calor, encontrar frío.

Sus ojos lo recibieron con una mirada atónita.¿Quién era el que había creado aquel ridículo y asqueroso plan? ¿De quién había sido la idea de proyectar aquel maldito número sobre sus pupilas, repletas de odio? ¿Quién demonios se atrevía a violar su calma, dejándole ver aquel horroroso objeto que amenazaba con destruir su paz, su presente? ¿Por qué no podía dejar de observar aquellas cuatro cifras oscuras que parecían burlarse de él, en medio de la oscuridad que ofrecía su habitación?
Notó cómo la furia se iba apoderando de él hasta el punto de acabar con su paciencia. Agarró el reloj con el que debatía a un duelo de orgullo y lo dejó caer con estruendo sobre las baldosas de mármol que cubrían el suelo.
Apretó los puños con fuerza. Su cuerpo respondía a toda sensación de horror y repulsión. Sólo existían el cansancio y el dolor, abordando su casa, sus pensamientos y su memoria.
Nunca más nadie osaría mostrar esos números ante su presencia.
Nunca más, mientras él pudiera impedirlo. 




lunes, 12 de septiembre de 2011

De cero a cien, escapando .

Actuaba con la cabeza fría. Deseaba desaparecer, recogerme a mí misma del infinito camino en el que me ocultaba. Era consciente del daño que causaban todas y cada una de las palabras que salían de mi boca. Sabía perfectamente que los silencios que utilizaba como respuesta no eran menos crueles que mis pensamientos en aquel momento. Tenía capacidad de compresión suficiente como para saber que aquello no iba a llegar a ninguna parte, que mi membrana de orgullo no podría sostener por más tiempo aquella ridícula situación. Pero necesitaba intentarlo, necesitaba proteger a toda costa mi punto débil, por encima de todo. Todos mis actos fríos y distantes sólo intentaban ahuyentar el miedo, sólo eran una prueba de lealtad al fondo de mi corazón, al secreto que ardía en mi alma. Pero sabía que por aquel escudo de egoísmo no era más fuerte, que terminaría flaqueando. Aun así, tan sólo era capaz de ofrecer resistencia, por temor a que alguien tuviera el poder de juzgar lo que tanto me importaba. Por miedo a quedarme sin opciones, a no tener valor suficiente para enfrentarme a lo que viniera.
Por temor a ser controlada.




WHO?

Automáticamente ninguno de nosotros es perfecto. Creo que por lo menos, hasta ahora no hay nadie capaz de no equivocarse en nada, y de no sufrir. Pero estamos acostumbrados a ver el sufrimiento como una pesadilla que nos incita a dejar la alegría de lado. Y claro, luego morimos de ansiedad. 
Pero,¿quién es capaz de no sentir?

Mi querido lugar, mi pequeño rincón, quizás el más alejado del mundo, quizás el más inapropiado, pero siempre, mío.

Sentí una presión en el pecho nada más cerrar la puerta del coche. Me negaba a aceptar que allí acababa todo. Todo lo que necesitaba en aquel momento se encontraba a tan sólo unos pasos fuera del vehículo. Sólo tenía que bajarme y quedarme en aquel lugar para siempre, pero tenía más posibilidades de mudarme a Rusia que de conseguir instalarme allí de por vida. Sonreí con tristeza. A pesar de los esfuerzos siempre me entraba la melancolía en el último momento. Una ola de voces y gritos de despedida inundó el coche, apartando todas mis dudas de golpe. Un montón de sensaciones se apoderaron de mí. Me asomé por la ventanilla para verlos por última vez. Continué con mi débil alegría hasta la rotonda. Les quería, y eso no iba a cambiar nunca.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Hubo un tiempo en que no creía en los sueños...

Los sueños tienen el mismo valor que las lágrimas. Hay algunos débiles, sensibles, como los llantos de los niños pequeños, que no se quedan en nuestra mente más que unos pocos minutos para luego desaparecer en el tiempo. Otros son tan inseguros como las lágrimas de cocodrilo, que parecen ser ciertos pero acaban en el vertedero de nuestros pensamientos. También están aquellas fieles ilusiones que nos acompañan desde la más temprana edad, como cuando soñamos con ser el mejor actor o actriz de todo el país o el primero en descubrir un nuevo planeta, con los ojos llorosos de alegría al imaginarlo. Además de todos estos, están los que van apareciendo con el tiempo o las circunstancias, que pueden ser más o menos dóciles y cuerdos, y que rondan nuestra cabeza la mayor parte de los días, como esas tardes vacilonas en las que se nos escapan los lloros por cualquier motivo. Pero por encima de todo están esos sueños con voz propia, como ráfagas de incontrolables emociones que viven en nuestro interior, que se instalan de por vida en el cerebro y que mandan por encima de la razón. Esos que dan lugar a lágrimas verdaderas que en contadas ocasiones salen a la luz mostrando la verdad.



viernes, 9 de septiembre de 2011

Ayúdame a parar el tiempo, ayúdame a salir de este infierno.

Huye del mundo, de todo lo que conoces. No dejes que nadie atrape el alma vacía que llevas escondida en tu interior. Encierra tus sentimientos en un baúl y deja que se hundan en lo más profundo del océano, antes de que nadie los encuentre. La incertidumbre mantiene sin rumbo tus pasos, y la desesperación te tomó la mano hace días. Te arrepientes de la verdad, de la mentira, de aquello en lo que te has convertido, y a pesar de los esfuerzos ni siquiera te encuentras a ti mismo en esa maldita oscuridad que tienes por vida. Millones de mentiras ciegan tu memoria intentando sumirte aún más en la enfermedad que te devora por dentro. Cuando todo tu cuerpo tiembla de horror sólo puedes ahogar tu mente en sangre fría, pero ya has olvidado la diferencia entre vida y muerte. Deberías atrapar el tiempo en tus manos y matarlo, dejar tu vida atrás antes de poder arrepentirte del presente. Olvídate de escuchar palabras muertas y concéntrate en la única verdad que te persigue. La compasión no puede limpiar tus emociones, sólo tienes que guiarte con los ojos cerrados. El egoísmo te consume en cuestión de segundos, pero deja que tus sentidos se pierdan, que los sueños te guíen. Limítate a que tu corazón lata, por mucho que duela.



Quizá la forma más fácil de ahuyentar el miedo, sea una sonrisa.

Mientras eres pequeño siempre puedes optar por no montarte en la montaña rusa más grande del parque, por no entrar solo en el desván de tu casa o por encender la lamparita por las noches para no quedarte a oscuras. También puedes intentar despertarte en medio de las pesadillas antes de que el cuchillo traspase la sábana, apagar la televisión segundos antes de que scream asesine a los habitantes de la casa e incluso no mirar al pasar por delante del cementerio de tu ciudad. Pero cuando creces te das cuenta de que no es tan fácil escapar del hombre del saco.



jueves, 8 de septiembre de 2011

Sé que las cadenas limitan, pero no existen obstáculos capaz de arrancarme estas ganas de vida.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

230810

-Mantuviste la boca cerrada durante mucho tiempo. Aprendiste a ocultarlo muy bien, pero eso no lo justifica. Sigues siendo un cobarde.
-Ocultar y callar son cosas muy diferentes. La primera de ellas no 

implica a la segunda. Callarse no es esconderse.



Maldita prisión, ésa a la que llaman CONFUSIÓN.

lunes, 5 de septiembre de 2011

WE ONLY SAID GOOBYE WITH WORDS .

‘‘Avancé con lentitud hasta la gran boca de oscuridad que me esperaba al otro lado del vehículo. Un pequeño círculo de personas envolvía el hoyo perfectamente acabado que minutos después terminaría con todo. Nunca habría imaginado que el último de mis días se consumiera ante mis ojos en menos de un segundo, aunque relativamente no podría esperar mucho más. Esto no sería más que un final que terminaría por empezar de nuevo, uno de tantos en el mundo, una muerte más de las tantas contadas en mi vida. Levanté el rostro sumido en lágrimas secas. Ya no me quedaban más oportunidades. A las personas les gusta pensar que una vida digna no puede acabar en desgracia, pero siempre se les olvida contar con el factor sorpresa del tiempo. Yo era una de esas personas. Mis pies amenazaban con hundirme en la miseria con cada paso que daba. La caja que sostenía en mis manos se balanceaba en silencio. Pude ver cómo se tambaleaba en el ambiente fúnebre, que arrebataba la esperanza a todos los presentes, sumiéndolos aún más en la desesperación, y cantaba al compás del cementerio la sinfonía de la muerte. El tesoro que dormía entre mis brazos me observaba con ojos cargados de culpa, mientras que el silencio seguía matando dulcemente cualquier señal de melancolía. Me paré en seco enfrente del gran agujero negro que se hallaba a mis pies. Suspiré con ansiedad antes de agacharme a depositar la cajita en su nuevo lugar. Quise creer que en el último minuto no habría espacio para el dolor, y así fue. Todos los presentes bajaron la cabeza en un acto de tristeza. Contemplé cómo mi corazón dejaba de latir dentro de la caja que acababa de depositar en mi tumba. Por un momento dejé de sentir. El círculo de personas se esfumaba poco a poco. La muerte siempre infunde respeto a los vivos. Una bocanada de viento me hizo volver la mirada hacia mi lápida antes de desaparecer en la nada. De nuevo, de vuelta al negro.’’



Adrenalina.

Mis pies se balanceaban en lo alto de la barandilla. El verano amenazaba con no acabar nunca. El calor parecía crecer por segundos. Me dediqué a observar las ondas que el agua dibujaba en las profundidades del río. Una caída libre desde aquella altura podría ser todo lo que necesitaba. Con suerte no tardaría más de unos cuantos segundos en tocar el agua y subir a la superficie. Intenté despejar toda clase de dudas de mi mente. Unas cuantas voces a mi lado se peleaban por decidir quién sería el primero en saltar. Conseguí dejar el miedo atrás durante lo que se me antojó un segundo. El viento azotaba con cariño mi cara mientras el sol se posaba en lo alto del puente. Empecé a quemarme las manos por culpa de los tubos verdes que me sostenían. Una primera decisión valdría más que una tarde entera de espera. Caí en la cuenta de que no era el momento de pensar, si no de actuar. 
Cerré los ojos y di un paso hacía el vacío. 
Y me sentí viva.
El riesgo está en saber reconocer quién se encuentra ganando la batalla contra el mundo .