sábado, 13 de agosto de 2011

Tus ojos verdes de ciencia ficción .



Sentada en el sofá, bostezas mientras cambias de canal por undécima vez. El reloj de la mesilla marca las once de la noche. Hace rato que perdiste el concepto de entretenimiento. Ayer descubriste que hacer zapping a las tantas de la mañana no era la mejor aficción después de pasarte el día vagando entre las sábanas. Todos tus planes se han esfumado en los últimos meses. Tu móvil se pasa las tardes durmiendo sin batería en la cama, y tú haciéndole compañía con el mando en la mano. El calendario se ha convertido en tu compañero de cuarto desde aquella tarde. Los vecinos hace días que se cansaron de llamarte la atención por utilizar los altavoces a las cinco de la mañana. Últimamente pareces un náufrago en tu propia casa, vagando desde la nevera hasta tu cama. Las copas de Champagne vienen y van cuando se apagan las luces de las habitaciones de enfrente. Has perdido la cuenta de la cantidad de veces que miras al día la misma foto. Tu vida está cabeza bajo. El otro día te pillaste llorando a ti misma con los anuncios de la tele. Te ríes con las sangrientas historias de Elm Street que ayer no querías sacar del mueble. Ya no te importa levantarte a las seis de la mañana para ver amanecer desde la puerta de tu casa. Te acuestas en el tejado en invierno para contemplar las estrellas en plena noche. El por qué tienes una copa de licor en la mano cada vez que escuchas la misma melodía, es un misterio que te quita el sueño todas las noches. Quizá la culpa de todo sea el poder de una canción.

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