miércoles, 31 de agosto de 2011

Remember all the sadness and frustration, and let it go.

El punto débil de los seres humanos son las emociones. Nuestro cerebro actúa con la capacidad de manipularlas por encima de cualquier pensamiento racional. Todos nuestros actos y palabras no son más que una carrera contra un pasado y un presente que funcionan a favor de las circunstancias. Los sentimientos son el único arma que nos protege y nos mata a la vez. Las sensaciones tienen el poder de controlarnos. Nos movemos según nuestras intenciones, pero siempre limitados por las ansias de conseguir lo que queremos, siendo perseguidos por el rencor y la culpabilidad. La desesperación es el punto de encuentro de todos los miedos. No hay ninguna persona capaz de abstenerse a sentir. Incluso cuando algunos creen estar hundidos en el más profundo vacío, siguen aferrados a la frustración en lo más hondo de su alma, sin poder evitarlo. Somos presos de cada cosa que sentimos, con cada sentimiento encadenándonos más o menos a la vida. Así, deseos y miedos acaban matando la esperanza de las personas, tanto por escasez de bienestar como por exceso de fracasos numerados. No todos somos capaces de aceptar y demostrar lo que verdaderamente nos mantiene vivos. Cobardía, rebeldía, maldad, egoísmo, envidia, bondad, honestidad, soledad, alegría, felicidad… Las emociones se apoderan de nuestra mente a la fuerza todos los días. Por eso, a veces las lágrimas que corren en nuestro interior, no son más que almas culpables de nuestros sentimientos.



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