viernes, 19 de agosto de 2011

Que hasta el más valiente tiene miedo,

''Salí de la cocina con los ojos empapados en lágrimas. ¿Cuándo había empezado todo aquello? ¿A partir de qué momento las cosas se habían torcido? ¿Por qué ahora, por qué en ese preciso instante el mundo que conocía se derribaba delante de mí? 
Miles de preguntas sin respuesta invadían mi cabeza. Mi cuerpo temblaba de miedo, de inestabilidad. Nadie debía verme en aquel estado. Nadie debía saber que mi vida acabaría tan pronto como lograra aplastarme la ansiedad.
¿Qué había sucedido durante todo ese tiempo? ¿Quién tenía la culpa del presente, del maldito momento que amenazaba con romper mi equilibrio? ¿Acaso era una mentira toda mi vida? ¿Acaso nunca tendría la oportunidad de abandonar mis temores para siempre? ¿Eran ciertas todas las palabras de odio y cansancio que acababa de escuchar? ¿Realmente el tiempo era el culpable de la situación, o eran las personas las que con el mismo cambiaban de opinión? ¿Dónde empezaba el presente y dónde terminaba el pasado? ¿Y de qué valían todos los recuerdos felices, cuando el futuro amenazaba con desaparecer?
Una bola de desesperación se había instalado en mi garganta impidiéndome hablar. No podía quitarme de la cabeza la imagen hundida y frágil de mi madre, de la madre alegre y risueña que siempre me había mantenido en pie y que minutos antes sollozaba impotente, preocupada porque su hija tuviera que presenciar aquella escena. No conseguía olvidar su voz débil y sus ojos llorosos, ni la discusión que había dado lugar a las lágrimas de mi padre. 
¿Qué iba a suceder ahora? ¿Quién podía ayudarme, si ni siquiera estaba segura de estar allí, encerrada en aquella pesadilla? ¿Quién podía asegurarme que todo se iba a arreglar, que las cosas cambiarían a mejor?
Me levanté lentamente,  borrando con las manos los surcos que habían dejado las gotas de agua en mis mejillas. Una parte de mi vida comenzaba a desmoronarse y me negaba a quedarme de brazos cruzados. Pero únicamente tenía esa opción.
Volví al interior de la casa. Sólo sentía impotencia y dolor. Sólo me quedaba esperar. 
Respiré con miedo. 
Esperar a que la suerte se pusiera de nuestra parte.''


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