jueves, 11 de agosto de 2011

diferencias


Vi cómo ambos colores recorrían ágilmente la placa blanquecina, dibujando formas desiguales, trazando recorridos inigualables. El contraste entre ellos recordaba al día y la noche, al frío y al calor. Las dos tonalidades parecían deslizarse sin problema alguno enfrente de mis ojos, encerrándome en su complicada danza perfectamente diseñada. Contemplé cómo los dos protagonistas invadían el escenario, como si tuvieran un guión aprendido que nunca hubieran tenido que estudiar. Era natural, real, hermoso, bello. Era perfecto. Seguían movimientos increíblementes irregulares para terminar en un mismo punto, para acabar fundiéndose en el último giro de su peculiar recorrido. Me quedé quieta, absorta, envidiando la forma en que habían conseguido unirse en apenas segundos. La fusión de los colores desapareció en el agujero del lavabo, prometiendo no volver a separarse nunca. Mis ojos lanzaban miradas atónitas y vacías al fondo negro que se había encargado de hacer desaparecer las témperas, dejando gotas alrededor de la semiesfera del grifo. Cerré mis párpados, pensando en cómo los dos colores habían conseguido formar uno solo, a pesar de ser opuestos. "La diferencia es lo que los ha unido", pensé. Y abrí los ojos a tiempo para ver cómo las últimas gotas resbalaban una a una.

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