domingo, 19 de junio de 2011

1º PREMIO LITERATURA CONCURSO MICRORELATOS

Mis ojos se clavaron fijamente en aquella pequeña figura de pensamientos, contemplándola con deseo en todos sus aspectos. Mis manos sujetaban con fuerza un par de tijeras oxidadas que se paseaban con inquietud entre mis dedos. Apreté los labios con fuerza. Mi cuerpo parecía tambalearse con cada nueva palabra leída.
Antes de darme cuenta de mis propios actos, mi mano derecha se abalanzó sobre aquel corazón inquieto que había despertado mis ansias de vida.
Me quedé inmóvil, paralizado, observando cómo la sangre se deslizaba lentamente sobre las hojas color nieve del libro.
Por un segundo, toda mi furia se escapó ante mi inocencia, y una lágrima cayó por mi mejilla.

Había matado un corazón.


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